ELOGIO DEL CINISMO (I)

Por: Luis de Valdeavellano

Nota del autor: Estos tres artículos fueron publicados hace años en el periódico «La Tribuna» de Guadalajara.

El maestro don Carlos García Gual en su libro titulado La Secta del Perro, de Alianza Editorial (que vivamente recomiendo a todos aquellos que quieran adentrarse en el conocimiento de los filósofos cínicos, mientras se divierten y entretienen leyendo a un sabio) dice en su prólogo: “son buenos tiempos para el cinismo y el sarcasmo como forma critica”. Efectivamente, en una sociedad –me refiero a la occidental– alienadora, donde los medios de comunicación son tan abrumadores que conducen a una desinformación por exceso, por inflación de noticias, y por incapacidad física de asimilación de tantos datos, el cinismo me parece una forma de enfrentarse a la realidad, además de inteligente,  muy conveniente para la buena salud mental. Mientras partidos políticos, organizaciones sociales, movimientos religiosos, e incluso los propios estados con su machacona propaganda represiva, que para más guasa se paga con nuestro dinero, invitan a la socialización extrema de los ciudadanos, que es tanto como propugnar el “borreguismo” anulador de toda posible independencia personal, el cinismo defiende la preponderancia del individuo, la libertad individual como valor superior, como eje supremo de conducta para toda persona que se precie de serlo. El individualismo, condición clave del cinismo, es el apestado número uno del final del siglo XX y de éste incipiente XXI, pero es la única salvaguarda para mantener lo más preciado que posee el ser humano: su propia identidad particular, la libertad auténtica frente a lo establecido como políticamente correcto, el desprecio del consumismo, actualmente uno de los mayores males que acucian a nuestra sociedad, el nulo apego a una moral bastarda, de compromiso, de fin de semana, y toda adscripción categórica a una ideología de juguete o a cualquier forma de pensar preestablecida.

En estos tiempos de hiper-información y de teórica libertad de expresión, de supuestos debates, de foros, foritos y forejos,  más o menos abiertos o censurados, sobre todo en el mundo virtual de Internet, y digo supuestos a propósito pues la realidad es que casi todos los que frecuentan dichos foros no desean en realidad intercambiar opiniones, lo que quieren es: o lucirse dejando sus elucubraciones dignas de  genios  como  solo  ellos  lo  son,  o  insultar  desaforadamente a los que consideran sus enemigos por el solo hecho de no estar de acuerdo con sus verdades absolutas, que no suelen pasar de meras soflamas aprendidas en dos tardes de proselitismo impostado en la agrupación política de turno. Pequeña basura protoprogre tan superficial como la caspa, que nada soluciona pero que  proporciona la seguridad de hacer lo que casi todo el mundo hace , lo cual pasa por ser bueno, o cuando menos consolador, y es que ya lo dice el viejo refrán: “mal de muchos consuelo de tontos”, que, sin ser en puridad una máxima filosófica, bien que se aproxima a ellas. El querido profesor también menciona en su prólogo a uno de los portavoces modernos del cinismo, G. Benn, el cual afirma que: “Ser tonto y tener un trabajo, eso es la felicidad”. Certero y definitivo resumen de la máxima aspiración humana actual en una sociedad en crisis, y toda una proposición de vida, vida de perros podríamos afirmar, usando el nombre del animal que dio origen a esta propuesta filosófica. (Dejemos a un lado lo mal que lo están pasando muchos por la falta de trabajo etc, etc,… pues hasta con éste aspecto tan luctuoso de nuestra realidad se hace un juego de intereses perverso y vomitivo). El cinismo apuesta por un humor corrosivo como forma de crítica social feroz y por la sátira como manera de mostrar una realidad infame, e incluso va, a veces, más allá, llegando a manifestaciones desvergonzadas que pueden ser tachadas de impropias y excesivas; es justo decir aquí que la medida de las cosas, la moderación y la mesura no le deben quitar vigor a lo que de protesta hay en una postura cínica coherente.

En el próximo artículo pretendo hacer una incursión por la vida y milagros de algunos de los cínicos más famosos, cuyas vidas fueron en buena parte reflejo fiel de su forma de pensar, cosa hoy en día impensable pues estamos acostumbrados a ver a personajes públicos que predican acaloradamente una cosa mientras practican la contraria, demostrando así un impudicia rayana en la desvergüenza más lamentable y absoluta. Vale.

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