LA HUELLA DE CARBONO

                      Luis de Valdeavellano

          Distinguidos lectores, estoy impresionado. Nuestro Congreso de los Diputados, encabezado por la eximia, la egregia, la sublime, la escuchimizada diputada Batet, como presidente de tan alta institución se pone, una vez más, a la cabeza de la progresía mundial, demostrando que siempre se puede ir un poco más allá cuando se trata de salirse de madre, de padre, de cuñado y de lo que sea.

          Con la pólvora del rey (que es la de nuestros impuestos) se tira bien lejos, y bien fuerte.

          Con el dinero expoliado a los contribuyentes se acometen todo tipo de dispendios alucinados, y si no hay dinero para ellos, se endeuda uno más, que ya vendrá el pueblo a pagar esos desmanes.

          Entre sus muchas, y sabias, ocurrencias, días atrás, nos anunciaban la inminente licitación de una partida económica destinada a medir la “huella de carbono” en el Congreso de los Diputados del Reino de España. Algo, sin duda, verdaderamente imprescindible si se quiere ser un progre de los de verdad.

          (Permítaseme una pequeña digresión, pero este bello eufemismo viene a agrupar, en un paquete, a los gases que producen el llamado “efecto invernadero” que, fundamentalmente, son cinco. Para más información, aunque no se fíen del todo, está la Wikipedia)  

          Pues bien, desde el mismo momento del anuncio quedé plenamente convencido de que dicho dinero irá a recaer, naturalmente, en las mejores manos y que éstas, no estarán muy lejos del poder de turno.

          Soy, por supuesto, consciente de la importancia de medir dicha huella, y tengo por cierto que después la seguirán, quiero decir, a la huella, para llegar por ella al carbono y sus secuaces, a pesar de ser, como son, elementos cautelosos, volátiles y muy esquivos y que, al final, se harán con la presa, (pues creo que todavía no está ello prohibido por las leyes de caza, a pesar de ser cada vez más restrictivas), es decir, con el carbono y sus secuaces (no sé si vivos o muertos). Presa que será, ciertamente, intangible dado que no se ve y se dispersa, pérfida, por la atmósfera. Pero esto no parece amedrentar a la señora presidente ni a los bizarros diputados que, valientes y arriscados como son, no se han inquietado mucho ante la dificultad de tamaña aventura, ni mucho menos intimidados por la ferocidad de la presa, quiero decir del carbono y sus secuaces.

         (Se de buena fuente que ha habido conatos de enfrentamientos y peleas, entre sus señorías, por ser los primeros en enfrentarse a tan peligroso enemigo)

          Al final poco importa el despilfarro del dinero público, porque como bien claro tienen dicho: “el dinero público no es de nadie”, siendo como es, pero solo por mera casualidad, de todos los expoliados pagadores de impuestos.

          Aunque la noticia, que yo he leído con interés, no haya tenido especial repercusión, ni en los medios, ni en las masas, adormecidas en su primaria brutalidad digital, ni en ella se diga cuáles serán los siguientes pasos a seguir, tras la búsqueda y medición de tan escurridizos elementos, supongo que el objetivo será el de reducirlos, corrigiendo su funesta presencia  en la amada casa de todos, y para ello supongo que se emplearán todos los medios, por muy arduos que puedan ser estos, por supuesto con más gasto, y dispendio, hasta lograr un objetivo tan digno de personas tan ilustres.

          He de reconocer que me siento conmovido, y me embarga la emoción, al pensar en manos de quien estamos. Personas tan cultas, tan preparadas, tan responsables, y tan desprendidas, que lo dan todo por el pueblo. Que dejan atrás sus miserias partidistas, sus anhelos propios para buscar el bien común del pueblo, al que sacrifican sus vidas, y sus carreras, brillantes carreras que, en el mundo laboral privado, serían premiadas con altos puestos directivos, mientras que abnegadamente renuncian a ello por el bien común.

          Mientras escribo estas sentidas páginas no puedo dejar de escapar una lagrimita de emoción contemplativa ante tan gran sacrificio, y… qué quieren que les diga, a mí lo de la “huella de carbono” me ha llegado al alma y a otras partes.

Se afirma que alguno de estos elementos sediciosos está por la zona del estómago, cerca, muy cerca del vientre y, siendo esto así, como por ensalmo me están entrando unas ganas de hacer… que… si ustedes me perdonan…vuelvo enseguida.

                                              Vale.

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