Por: L. M. C.
Bajo este título se agrupan un cierto número de poesías, y de prosa poética que, no obstante, no conforman una unidad, ni temática, ni de otro orden, salvo el hecho de que fueran compuestas en la misma época.
YO NUNCA ESTUVE EN EL HOTEL CALIFORNIA 150108
En aquella época hubo músicos y poetas que quisieron cambiar el mundo vistiendo las ropas raídas de los desheredados, y se pusieron flores en el pelo y proclamaron el amor libre (cuando querían hablar de sexo ya que el amor no lo es) y se drogaron mucho para demostrar que eran diferentes y hasta indiferentes.
Algunos empuñaron sus guitarras como si fuesen ametralladoras, mientras que otros crearon bellas melodías engañosas pero, luego, en el momento del valor y la verdad, se negaron a bajarse de sus limusinas y consideraron mejor seguir dirigiendo sus prósperos negocios y manejar el mundo a su antojo y, aún hoy, viven protegidos por los alabadores de turno, los que todavía hablan de revolución y de pamplinas, y es así como el mundo sigue estando gobernado por ellos desde sus luminosos despachos, tan altos que casi rozan el cielo, en los más increíbles edificios de diseño que, como las antiguas pirámides donde se sacrificaban humanos a cualquier dios verdadero, son los centros del poder en la tierra y los símbolos explícitos de que, bajo otro tipo de explotación, tal vez más lírica, en realidad, nada ha cambiado.
Yo nunca estuve en el hotel California
Donde las jóvenes muchachas
Lucían sus cuerpos al sol,
Mientras fumaban marihuana
Recolectada en el jardín de papá.
Yo nunca estuve en el hotel California
Hablando de cambiar el mundo
Con flores en las manos
Mientras el napalm caía sobre los indefensos
Y la guerra fría perseguía a los humildes.
Yo nunca estuve en el hotel California
Ni pude pasear por las playas desnudas
Donde el blanco y el azul eran un ácido
Y la asignación mensual siempre llegaba
Aunque fuera en el último momento.
Yo nunca estuve en el hotel California
Pero tuve noticia de los que lo hicieron
Y pensando en cambiar el mundo
Se prepararon para dirigirlo
Mientras muchos siguen muriendo de hambre.
¡Oh, yo nunca estuve en el hotel California!
Pero tampoco me adormecí en el limbo
De las palabras vacías de vuestros juglares
Y sus cantos igualitarios me saben igual
Que el amargo y cruel pasar de los días.
Yo nunca estuve en el hotel California
Pero una cosa sí he aprendido y es:
Que el hambre no se mata con canciones
Ni la enfermedad de la pobreza se cura
Por mucho que uno emplee la mejor poesía.