Microrrelato
Por: Miguel de Ungría
“Verdaderamente es una delicia para los sentidos”. Pensaba cuando se la encontraba en el ascensor al bajar a soltar al perro.
Era su olor, su aspecto, su tono de voz, y parecía que se le insinuaba con solo esa sonrisa felina. Pero él era un auténtico calzonazos. Un hombre formal, casado, maduro; atado por indisolubles lazos de fidelidad, obligación y monotonía. Y ella debía ser la nueva vecina, de la que ya corrían ciertos rumores entre el vecindario. Así que aquella noche de Agosto, con su señora y los niños de vacaciones, por fin, se decidió y llamó a la puerta.
Como hombre previsor, pagó el servicio en efectivo.