Por: Luis de Valdeavellano
(Aviso: Lo sentimos, pero este artículo podría herir la sensibilidad de algún lector bienintencionado)
“En España, bendita tierra,
Donde puso su mano el amor,
Sólo en ella el beso encierra
Armonía, sentido y valor.
La española cuando besa, olé,
Es que besa de verdad,
Y a ninguna le interesa
Besar por frivolidad.
El beso, el beso, el beso en España,
Lo lleva la hembra muy dentro del alma…”
Este es un extracto de la letra del pasodoble “El Beso” que escribiera don Adrián Ortega, actor y varias cosas más, y que fuera un gran éxito en la voz de Celia Gámez hacia 1947.
Pero hoy hablamos del otro beso, del “beso infame”, ese beso guarro que lleva días acaparando la atención de la gran progresía mundial. Pues, incluso eximios (que no es lo mismo que exsimios) funcionarios de la ONU, esa organización mundial de esclavistas, antidemócratas, que solo sirve para perpetuar la explotación del humano por el humano, justificando crímenes por mor de un “ten con ten” mundial indecente, se han permitido la delicadeza de perder su carísimo tiempo, pagado con nuestros impuestos, para criticar ese acto baboso, tontuno, tan infantil como grosero, tan desafortunado como frívolo, trivial y baladí.
Es una verdadera vergüenza mundial la repercusión del “beso infame”, que viene a resaltar la hipocresía perversa de unas sociedades occidentales, presuntamente avanzadas, autodenominadas complacientemente: primer mundo. Un primer mundo infecto, enfermo, podrido, y dentro de él una España necia, grosera, sin educación ni vergüenza, que vive endeudada, del robo, de la conculcación constante de las leyes, del “quítate tú que me pongo yo”, del “dedismo” insoportable, del amiguismo más pútrido, pero que, de repente, se indigna por verdaderas gilipoyeces.
Una sociedad de borregos burriciegos, sordomudos; de tarados que andan solo cuando se les tira del cabestro, capaces de protestar cuando se mata a un perro enfermo pero no cuando se libera a miles de criminales, o se amnistía a golpistas. Que se indigna por un beso pero no por la realidad de que España esté en manos de proterroristas, golpistas y secesionistas que nos van encaminando a un nuevo enfrentamiento fratricida.
(La historia, aunque siempre se intente manipular, es clara al respecto: suele repetirse obstinadamente cuando se reincide en los mismos errores)
El verdadero “beso infame” es el que se da el presidente del reino de España, todos los días (el mismo que se llevaba estupendamente con ese otro presidente hasta ayer mismo), con los proterroristas, con los separatistas, con los golpistas. El “beso infame” es el que se dan los ministros del reino de España con los violadores, asesinos y criminales excarcelados mediante leyes repugnantes. El “beso infame” se lo dan los miembros, “miembras”, y “miembres”, del gobierno del reino de España, en general, entre sí mismos: regodeándose y parrandeando, sin hacer nada inteligente, ni útil, para contener los aumentos constantes de los precios, o la falta de empleo, ya no digamos digno ni de futuro, para nuestros jóvenes, para nuestro pueblo.
En suma, el “beso infame” es el que se ha venido dando el partido político innombrable, el que no es nada de lo que dice ser en su titulito, durante años, con el propio besucón garrulo, manteniéndole, porque era de su cuerda, a pesar de todas las tropelías cometidas, hasta que les ha venido bien defenestrarle, como chivo expiatorio, para tapar las actuales negociaciones en curso. Esas negociaciones que se justifican en un sistema falseado, trampeado, manipulado hasta estar siendo ya convertido en pura basura.
Hoy, al tiempo que escribo este pobre artículo, que nunca quisiera haber tenido que escribir, me siento: triste, desolado, apenado, afligido, desconsolado, entristecido, adolorido, amargado, contrito, acongojado, desconsolado, abatido, pero no por el “beso infame” sino por la patraña mundial orquestada en torno a él, y creo que, a partir, de hoy, salvo a mis seres más queridos, que se cuentan con los dedos de una mano, no volveré a dar un solo beso en lo que me quede de vida. Vale