PALABRAS Y SANGRE

Un libro de Giovanni Papini

Por: Luis de Valdeavellano

Nota: Este artículo fue publicado hace algunos años en el periódico La Tribuna de Guadalajara.

          No se mucho sobre la vida  del escritor italiano nacido en 1881 y muerto en 1956 en la ciudad italiana de Florencia. Se le inscribe entre la figuras artísticas, sobre todo italianas, pertenecientes al movimiento fundado en Paris en 1909  por el poeta  Marinetti y denominado “futurismo” aunque, después, puede que abjurara del mismo, terminando, incluso, por convertirse al catolicismo.

          Parece ser que fue un autor de éxito, y fama, durante el periodo fascista del que pudo ser partidario, lo que, probablemente, le haya descalificado para la eternidad convulsa de  las mentes biempensantes, encargadas de decidir quienes tienen cabida en el parnaso  de los poetas y quienes no.

          Como siempre que la política se inmiscuye en el arte, o en la propia vida, la contamina y la envilece, la “oxida” con su letal contacto, esta parece ser una ocasión más.

          A mí me da lo mismo, pues siempre he procurado que mi opinión no sea más que el fruto, tal vez escuálido, de mi propia reflexión. Ajeno, en la medida de lo posible, a opiniones, modas, o momentos políticos más o menos oportunos. Además, mi único interés en este caso y sobre este autor es su obra literaria, no su vida, ni sus actos o adscripciones  políticas, morales o religiosas.

          En lo que atañe a Papini, objeto de estas pocas letras, sírvanle, por mi parte, de homenaje, pues su talento superior quedó reflejado en sus escritos, ajenos y por encima de cualquier otra contaminación.

          Giovanni Papini es autor, entre otras, de obras como: Lo trágico cotidiano, Un hombre acabado, La historia de Cristo, Las virulentas sátiras de Gog, El diablo, Retratos y la que me interesa en esta ocasión, concretamente quiero tratar aquí sobre el libro de relatos titulado: Palabras y sangre (Parole e Sangue) publicado en 1972 por la editorial Plaza y Janes en la colección Rotativa y traducido por Mario Verdaguer.

          Nada sabía yo del escritor florentino hasta que un gran amigo me lo dio a conocer  y me dejó el libro, a finales de la década de los setenta. Me causó éste honda impresión y su recuerdo me acompañó durante los años siguientes. Algunas veces lo busqué y siempre la respuesta fue la misma: ha sido descatalogado.

          (He de decir, gozoso, que, no hace muchos días, rememorando con mi amigo su lectura, me prometió prestármelo de nuevo y, no contento con esto, me lo regaló, lo que me abruma y le agradezco en grado sumo pues lo tengo entre mis preferidos).

          Encontré, en estos años, algún otro título del autor pero mi preferido ha seguido siendo este pequeño, extraño, y singular librito que contiene en sus densísimas páginas algunas extraordinarias historias de esas que te tocan la fibra. Son historias metafísicas, casi surrealistas, libres en su concepción y nacidas desde lo más profundo del ánima creadora. Historias donde la imaginación más delirante forma un “todo argumental” con un profundo sondeo de las interioridades humanas. Donde las preguntas y las respuestas están implícitas en el propio desarrollo de las tramas. Historias atemporales, arquetípicas, de personajes que son muestrario y corolario del alma humana.

          Es un libro con un carácter trágico pero, al mismo tiempo, una cierta amarga ironía lo impregna y sazona, y entre sus páginas, sin duda, ribeteadas de apuntes autobiográficos, aparece y desaparece un modo de entender la vida, descorazonador y vibrante, ambiguo y comprometido a la vez.

          Escéptico es el fondo y el carácter que mejor define sus páginas; ese escepticismo que no es aséptico, sino comprometido con la vida, complejo como la vida, pero, paradójicamente, en buena parte sencillísimo, como también lo es la propia naturaleza, y también la humana, cuando se resume y amalgama. Léanlo.

          Muerte y vida, vida y muerte. Sangre y palabras. Palabras y sangre. Vale

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