Breve apunte sobre el nacionalismo.

 Por: Luis de Valdeavellano

Nota: Este artículo fue publicado en La Tribuna de Guadalajara en 2006.

          Todos los nacionalismos son, en esencia, reaccionarios, pues todos contienen en su ideario básico la premisa de la exclusividad, pretenciosa forma de expresar la vulgar ambición de la apropiación de algo en detrimento de alguien.

          La exclusividad, la diferenciación, justifican la adquisición o restitución de teóricos derechos a los que “otros” no pueden optar. Todos los nacionalismos por tanto destacan, con gran énfasis y saña, sus diferencias sobre esos “otros”, sean de sangre o de corte de pelo, sobre las similitudes, que son en todo caso siempre mínimas, con el fin de singularizarse a toda costa.

          Todos  los nacionalismos son endogámicos, excluyentes, de corte totalitario y fascista porque se apoyan en los pilares básicos que esta ideología defiende y aún más, todos los nacionalistas, aún los autotitulados de izquierdas, lo que ya en si mismo es una profunda contradicción ideológica, y una sonora estupidez, amén de una falsedad supina, son buenos conocedores y estudiosos de esta teoría política en la que, constantemente, buscan la fuente de su inspiración doctrinal y operativa.

          Todos los nacionalismos contienen, siempre, en su malsano ideario fundacional, el germen de la violencia para la consecución de sus fines que, básicamente, se pueden resumir en dos: primero la separación del tronco común del que proceden, manipulando para ello lo que haga falta, y que se llama comúnmente secesión,  y, segundo, la asimilación sistemática y voraz de todo lo que les rodea, a la cual llamamos anexión. Aunque no siempre sea este el orden a seguir en su programa pues el proceso puede funcionar igual al revés o de forma paralela.

          El malestar social y la situación de inestabilidad política, que suelen acompañar el inicio de su acción política allá donde comienzan a operar, sirven muy bien a sus intereses totalitarios, como excelente caldo de cultivo de desestabilización, pues algunos de los componentes elementales de su acción corrosiva  se sustentan en la desunión, en la persistencia de la desigualdad legal y económica y el enfrentamiento civil consiguiente. Una vez conseguido este estado de cosas se presentan como adalides de las libertades, como los únicos capaces de resolver el problema creado. ¡Cuando ellos mismos son el problema!

          No se entiende un nacionalismo de la pobreza. No hay un nacionalismo de la pobreza, como no hay solidaridad en el nacionalista, salvo la meramente propagandística e instrumental. El nacionalista pretende para sí lo que él ha decidido, de antemano, que es suyo. El nacionalista se arroga unos derechos inventados por él para su beneficio exclusivo. Porque el nacionalista exige capacidad de decisión, si ¡pero solo él puede decidir!

          El nacionalista defiende una identidad propia exclusiva basada en la hegemonía política y económica sobre los que le rodean. Lo que le interesa es conservar e incrementar, a toda costa, su pretendida supremacía. Procura siempre mantener y fomentar la superioridad y desigualdad económica, el definitivo “Ande yo caliente” de nuestro gran Quevedo.

          El nacionalismo es una lacra social, una enfermedad, un cáncer intolerable, en un planeta que progresa, a pesar de los nacionalistas, hacia una unidad futura imparable. El nacionalismo es, ideológicamente, incompatible con el llamado “progresismo”y la alianza de los partidos, sobre todo de izquierdas, con los nacionalistas es una muestra palpable del desprecio que muestran algunos políticos hacia sus propias ideas y de lo poco que piensan en el  beneficio del pueblo al que dicen servir. Estos pactos malsanos  manifiestan la preponderancia de la toma del poder en beneficio del partido propio sobre la defensa de los intereses de las mayorías, para ello no se duda en la manipulación de las palabras, y de las ideas, para conseguir un mero fin partidista por encima del bien común y general.

          La  unión,   aunque   sea   coyuntural,   entre  pretendidos “progresistas” y nacionalistas corrompe el sistema político y desvirtúa la ideología socializante redistributiva de cualquier partido que se precie de serlo, contribuyendo al retroceso social general, de modo que, quien se alía con los nacionalistas se descalifica a sí mismo, pervierte los verdaderos principios y valores del bien común, del avance humano, y la forma de hacerlos prevalecer, cualesquiera qué esta sea. Vale

Deja un comentario