Por: L.M.C.
¡Bendito seas, oh Sol!
Padre de la vida.
Tú que calientas,
En las mañanas de invierno,
Mis manos ateridas
Por las herramientas
Con las que ganar el euro
O el pan.
Tú, que alegras mis ojos,
Casi ciegos despojos
De la umbrosa ciudad.
Gracias te doy
Incluso cuando agobias
Mi vagar solitario
Esos largos días
Del verano estepario.
Gracias te doy, al fin,
A pesar de tú ser,
Mineral-gaseoso.
¡Oh tú, incandescente,
Estufa sideral,
Remota luz galáctica!
¡Tú, insensible a mi rezo!…