Por: Luis de Valdeavellano
Artículo publicado en el periódico digital «La Comunidad de Info» en 2013.
Sobre el origen de los combustibles y otros productos que consumimos y que sirven para mantener dictaduras donde se pisotean los derechos fundamentales más elementales.
¿Porqué sí se conoce –incluso por imperativo legal– la procedencia de cualquier producto que se vende en los comercios españoles y no el origen del combustible? ¿Los consumidores no tenemos derecho a saber a donde irá nuestro dinero después de repostar? ¿Diamantes de sangre? ¿Petróleo de esclavitud? ¿Gas de tiranía? Hipocresía consumista con el consentimiento de todo el mundo. ¿Todo el mundo? Yo no. Aquí lo dejo escrito con el dolor de un mundo violento, falso y arbitrario. Ferozmente lo escribo sobrecogido: “Aceptamos la corrupción como una parte más de la compleja y mercantilista relación social”. Todos lo admiten de una u otra forma, su existencia parece inevitable y solo vemos lo que queremos ver según nuestro interés bastardo… y utilitario, pero se pueden mitigar mucho los efectos de esta cruel miseria humana reconociendo su existencia. Como principio