Comentario y anécdota sobre el libro «El arte de la guerra» de Sun-Tzu (Sun-Zi)

       Por: Luis de Valdeavellano

(Este artículo fue publicado en el periódico «La Tribuna de Guadalajara en 2007)

      

          El Arte de la Guerra es el libro de estrategia militar más antiguo del mundo que se conserva y, en la actualidad, libro de “cabecera” de muchos de los grandes, y no tan grandes, líderes económicos y políticos mundiales.

          Se trata de un pequeño manual formado por trece capítulos, lo que se denomina “cuerpo canónigo” del mismo, más la adición, según la edición que se consulte, de la propia vida del autor, así como de algunos pasajes, y variaciones, encontradas en hallazgos arqueológicos posteriores.

          Este libro singular, que fue compuesto por el maestro militar Sun-wu (cuyo nombre, occidentalizado, a pasado a los anales como Sun-tzu, o Sun-zi). Su estructura actual data, aproximadamente, del período histórico chino denominado de los “Estados Beligerantes”, entre 403 y 221 antes de Cristo, periodo caracterizado por las luchas constantes entre los diversos estados que formaban la antigua China.

          En aquella época convulsa, previa a la China unificada, proliferaron los teóricos y tratadistas militares, a menudo mercenarios, auténticos especialistas, necesarios en un mundo en guerra constante. Sun-zi, debió ser uno de los más renombrados y al parecer,  no debió  escribir personalmente su tratado, pues pudo haber vivido, aproximadamente, hacia el año 500 A.C., trasmitiéndolo de forma oral, siendo sus discípulos y descendientes los encargados de recoger, y plasmar sus ideas, caligrafiándolas sobre tablillas de bambú.

          El libro no llegó, traducido, a Europa, hasta mediados del siglo XVIII cuando el jesuita francés Joseph Marie Amiot, después de lograr la confianza del emperador, consiguió traducirlo y, junto con otras obras clásicas chinas, fue publicado en París en 1772. Debido a la repercusión que ya empezó a tener en aquel tiempo fue revisado y publicado, en solitario, cuatro años más tarde.

          (Me gustaría resaltar aquí que, tal vez, el más importante autor de teoría militar del siglo XVIII, el español y teniente general del ejercito de Felipe V, don Álvaro Navia-Ossorio y Vigil, marqués de Santa Cruz de Marcenado, usaba términos muy similares a los propuestos por los estrategas chinos de la antigüedad. Las Reflexiones Militares de Marcenado fueron publicadas en Turín en 1724 y contemplaban preceptos tales como: disuasión, prudencia, limitación, austeridad u otros, todos ellos términos parecidos a los usados por los antiguos especialistas chinos, desconociéndose la posibilidad de que hubiera tenido acceso al milenario tratado).

          Pero no sería hasta principios del siglo XX cuando este libro ganaría la vigencia y actualidad que ahora tiene; fue por los años veinte cuando un joven maestro de escuela, el revolucionario comunista, y luego despiadado dictador chino, Mao Zedong, se encargó de darle nueva y definitiva actualidad, al usar de sus preceptos en la conquista de aquel inmenso país. En su obra teórica escrita en los años siguientes es fácil, y parece que él nunca lo negó, detectar tanto las ideas como el espíritu contenido en dicho libro. Después de Mao y siguiendo su doctrina, otros dirigentes comunistas como el vietnamita Ho Chi Minh usaron las mismas técnicas en su  lucha, victoriosa, contra la potencia hegemónica del siglo XX, léase: EEUU. Y fue tras esta derrota, tan mal asimilada por los militares americanos, cuando éstos conocieron el, ya, famoso librito, y empezaron a estudiarlo, y a usarlo, aplicando sus preceptos en la llamada “Operación Tormenta del Desierto”.

          Pues sí, parece que la llamada “Guerra del Golfo” fue el lugar elegido para dar actualidad a la pequeña obra milenaria, y a través de los militares americanos, que la usaron en ella sin recato llegó, finalmente, a conocimiento de la clase empresarial americana que le encontró nuevos usos, esta vez, en sus agresivas estrategias empresariales.

          Las clases capitalistas, dirigentes del mundo económico occidental, han encontrado, en los últimos años, en este libro una fuente de inspiración en sus constantes luchas empresariales, donde las estrategias se parecen tanto a las militares: los objetivos de conquista, de lucha por el mercado, de expansión o repliegue según los momentos, tienen un alto contenido bélico. Los lemas empleados por los principales líderes económicos: banqueros, financieros, o industriales, en sus diatribas adoctrinadoras hacia sus asalariados, se parecen mucho a las soflamas cuarteleras. Los mismos argumentos se repiten, peligrosamente, en la búsqueda continua de mayores cuotas de mercado.

          Es curioso lo que un librito tan pequeño puede contener entre sus páginas, cuando se trata, posiblemente, de la condensación de toda una tradición milenaria, la pura esencia, destilada tras milenios, de una línea de pensamiento experimentada y desarrollada en la práctica cotidiana; toda una corriente filosófica, teórica y práctica, aplicada, en este caso, al eterno y siempre controvertido, arte de la guerra que, en suma no es otra cosa que el arte de dominar.

          Nota: Para escribir este artículo he manejado dos libros: el primero, la edición de José J. de Olañeta para la colección Los Pequeños Libros de la Sabiduría, traducida al castellano por Esteve Serra, de la versión en francés del Padre Amiot.

          El segundo es la admirable y muy completa edición de Fernando Puell de la Villa, publicada por Biblioteca Nueva y perteneciente a la Colección Taxila. De este libro he tomado  muchos de los datos que se recogen en su Introducción, de la que este artículo es un gran deudor. Vale.

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