(Cuando el desgobierno vive de la propaganda)
Por: Luis de Valdeavellano
Queridos e imprescindibles lectores, hace ya un tiempo que procuro no hablar de política, ni en privado, ni en público, como es hoy el caso, que prometo, no con promesa de presidente, excepcional. Pero no puedo obviar, aunque lo intente, mi condición de ciudadano, y de tiranizado pagador de impuestos.
La política, que debió surgir (aunque personalmente tenga serias dudas sobre ello, lo cual sería prolijo de argumentar en esta ocasión) como un loable intento de ordenar la vida pública es, en la actualidad, una forma de delincuencia sin castigo.
Los políticos, primero hacen todo tipo de leyes, a menudo infames, y luego las interpretan a su conveniencia, de modo tal, que las pueden incumplir de forma flagrante, una y otra vez, manipulándolas, retorciéndolas o… sencillamente saltándoselas con impunidad, sin que nadie pueda hacer nada por impedirlo. Y así vamos viendo como todos los diversos sistemas políticos, todos, y las variantes de los mismos, democracias incluidas, son corrompibles, en mayor o menor medida y, lo que es peor, en la práctica, suelen estarlo siempre, sistémicamente.
Y no es que yo no considere a la política como una de las actividades más importantes para las sociedades humanas, digna de nuestro interés y de nuestras conversaciones, sino que me acontece ser frustrante, estéril, y hasta desagradable, el hablar de un tema tabú, donde jamás imperan ni la razón ni la cordura, sino solo los prejuicios y la siniestra ideología, siendo para mí, todas las ideologías, nefastas, por excluyentes y dogmáticas.
Pero yendo al grano: en fechas muy recientes se han colocado, en multitud de pueblos de la provincia de Guadalajara, ignoro si en las otras provincias que componen la mal parida comunidad de Castilla la Mancha, (que nos fue metida, a traición, a los ciudadanos que la habitamos, con el viejo timo de la estampita, es decir: asegurándonos que, con su creación, los “servicios públicos” se acercarían al ciudadano. Estafa mayor no la ha habido en España en toda su milenaria historia) unos cartelones anunciadores de la nada, en las distintas entradas por carretera a dichos pueblos.
Los cartelones, enormes y protegidos por un pretil metálico de unos veinte metros de longitud, indican el nombre del pueblo, y que se trata de una zona de naturaleza, o lugar histórico, o cosas similares, rematado todo ello con el recordatorio de lo importante: que usted se halla en este engendro territorial que es “Castilla la Mancha”. Bien.
En una comunidad que tiene unas listas sanitarias de espera de, más o menos, doscientos días, siendo generoso, o un sistema educativo saturado, donde se incumplen sistemáticamente las leyes, empezando por la llamada “ratio”, es decir: el número de alumnos y su condición por aula, el gastar cientos de miles de euros en cartelitos para poner el nombre del pueblo de turno parece una broma de mal gusto, pues en todos ellos, según era fácilmente visible, ya existía el cartel correspondiente al pueblo, lo cual supone, en esencia, o bien una duplicidad grosera, o una sustitución innecesaria. Pero poner, además, un costoso pretil para proteger dicho cartel es ya rizar el rizo de lo vergonzoso, a la par que reírse de los usuarios, en primer lugar de los que recorren a diario las carreteras de dichos pueblos, demasiado a menudo con un firme en pésimo estado, que nadie se ocupa de reparar, y menos si el dinero público, “que no es de nadie”, se ha gastado en estupideces como los mentados carteles.
Estamos hablando, por supuesto, de carreteras carentes de toda señalización vial, léase “marcas viales”, o líneas blancas de delimitación de arcenes, etc.… cuando los hay, pero también de la ausencia pretérita de pretiles de verdadera necesidad, que deberían llevar años colocados en sitios de gran peligro para el automovilista.
Eso no les importa a estos dirigentes, por llamarles algo. (Claro que dirán que no es de su competencia, y es cierto, porque es debido a su incompetencia.)
Por tanto, no parece importar mucho la seguridad del que usa la carretera, pero sí proteger un cartel que no sirve absolutamente para nada, salvo para la propaganda institucional, y lo que subyace tras esto.
Se da la paradoja, pues yo lo he visto con mis ojos, que se ha protegido uno de los cartelitos, habiendo, justo enfrente, un talud con una caída de más de cuatro metros, en la estrecha carretera de entrada a uno de los pueblecitos que se quiere promocionar de forma tan “primorosa”.
Eso sin contar con que los postes de dichos pretiles, en vez de ser redondos por puro sentido común, como deberían ser desde hace décadas, según reclaman, sin suerte, sobre todo los usuarios moteros o ciclistas, son rectangulares, contando con unos “vivos”, bordes y aristas, cortantes como navajas, hechos como a intento para mejor decapitar ciclistas o motoristas. Todo muy propio, todo muy sensato, todo muy caro, todo muy, pero que muy progre…
Se puede dar así el absurdo (en el que vivimos perpetuamente gracias a ellos) que es, en realidad, una burla, de las que se estilan entre estos personajes que nos esquilman, nos manipulan, y nos chulean, de que, por proteger un cartel estúpido, que no dice nada que no esté ya dicho, alguien pueda sufrir un accidente y, necesitado de atención sanitaria urgente, no le sea prestada con la premura necesaria, porque el dinero, que debería haber sido invertido en medios médicos, se invirtió en esos carteles que terminarán causando nuevos accidentes.
Esto es, sin duda, una muestra inefable del “buen gobierno” de estos maestros de la chulería. Y nuestros buenos compatriotas, tan bienintencionados como estúpidos, les siguen regalando sus votos, lo que es tanto como tiran perlas a los cerdos.
¡Ah, importantísimo! Casi se me olvidaba, todos ellos cuentan con un imprescindible código QR (código bidimensional) que será, eso espero, para escarnio y vergüenza de quienes no la tienen, prontamente vandalizado. Vale
Genial Luismi, me lo has quitado de la boca.
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Ahora he aprendido comentar el artículo, con mi torpeza antes lo estaba intentando incorrectamente , y mira que es fácil.
Te habría hecho unos cuantos más aplaudiendo tu prosa y tu verso, pero bueno, estaba patoso con la tecnología
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Querido Jesús, me pasa como a ti, voy dando pequeños saltos en el universo telemático.
Esta es la primera vez que contesto a un mensaje… al menos eso espero y siento como si estuviese perdiendo la «virginidad digital». Es para mí un honor que me leas y espero no defraudarte. Un abrazo.
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