Don Enrique Jardiel Poncela (DonJardiel)

         

(El precursor del humor en el siglo XX en España)

Artículo publicado en el periódico digital «La Comunidad de Info»

en 2013.

Por: Luis de Valdeavellano

    Prácticamente todo el humor del siglo XX, hasta el presente, fue anunciado por “donJardiel” a lo largo y ancho de sus obras, estupendas en muchos casos, divertidas y entretenidas siempre.  

    Pero fue incluso más allá: el alcance de sus intuiciones, la originalidad de sus ficciones, son tales, que se han venido reproduciendo desde entonces, de forma consciente o inconsciente. Sirva como ejemplo “La increíble historia de Benjamín Button”, película famosa cuyo reparto encabeza el afamado actor Bratt Pitt, pues bien, el singular argumento de un ser que nace anciano y va rejuveneciendo sin parar hasta terminar sus días como un bebe, completando una vida de duración normal, solo que a la inversa, es calcado al de la obra “jardeliana” titulada: “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” pero ésta fue escrita y estrenada en los años treinta. Su similitud podrá ser comprobada fácilmente tan solo leyendo o viendo representar la obra de “donJardiel”.

    Lo cierto es que su clarividencia y su modernidad fueron extraordinarias. Desde sus sólidos cimientos clásicos, fruto de una educación excelente y de una cultura portentosa ávida de conocimientos, desarrolló personajes y tramas disparatadas pero siempre con un pie en la realidad, aún cuando pueda ésta parecer extravagante, o precisamente por ello mismo, y uno puede reconocer situaciones similares en la vida cotidiana, y también observar como han sido usadas, mucho tiempo después de haber sido creadas por nuestro autor, y convertidas, nuevamente, en famosas por otros humoristas posteriores.

    Lo que más me asombra, según voy leyendo obras de este autor sin par, es su singularidad y su originalidad creativa. Me gusta también su sinceridad humana al reconocer la extrema dificultad que suponía para el autor hacer reír a los lectores, o a los espectadores de los teatros.

    Por otra parte estoy seguro que a los productores teatrales y dueños de los teatros que tuvieron que lidiar con “donJardiel” no debía hacerles mucha gracia las exigencias de las puestas en escena de sus obras teatrales. Debían sudar tinta para asumir los costes de tan ambiciosos montajes, plagados de personajes y con aquellos escenarios costosos, recargados, abigarrados, exuberantes. La extravagancia, y el caos inherente, que representaba la superabundancia de elementos decorativos propuesta por el autor supone todo un dislate en sí mismo, pero es, sobre todo, un elemento más de la parte socialmente descriptiva y, en cierto modo, también crítica, de sus comedias. Querer reproducir una ambientación como la que “donJardiel” requiere es una ardua tarea: una puesta en escena más real que la mismísima realidad más alucinada y extravagante es algo digno de tenerse muy en cuenta.

    “DonJardiel” vivió deprisa, y escribió mucho (1901-1952). Fue reconocido y famoso como autor teatral aunque empezó trabajando en prensa como escritor de artículos humorísticos, colaboró en La Codorniz, lo que le supuso codearse con algunos de los mejores humoristas de la historia cultural de España y estuvo una temporada de guionista en Hollywood. Tampoco es malo su trabajo como novelista, modernísimo en su fondo y en su forma, con novelas como: “Amor se escribe sin hache” o “Espérame en Siberia vida mía”, pero fue en el teatro donde encontró su medio de expresión perfecto y, en la comedia, su medio para llegar al corazón del público. Obras como: “Usted tiene ojos de mujer fatal”, “Eloísa está debajo del almendro,” o “Los ladrones somos gente honrada”, entre otras, lo sitúan en la cima de la comedia y el humor teatral. Nos legó el secreto de la sonrisa, de la risa y de la carcajada. Lo curioso, lo paradójico, es que para conseguirlo tuvo que sufrir, ser infeliz demasiado tiempo. Fue un tipo atildado, un dandi de la época con reminiscencias de los románticos o de los surrealistas. Un compendio esencial de los movimientos artísticos de su época. Fue el escéptico perfecto.

    “DonJardiel”  ¿tal  vez? personalmente habría  dado  todo por ser alto y apolíneo, lo suplió con genio y con trabajo. Su mente luminosa y febril, fabricando historias con la sutileza del orfebre y la modernidad más atrevida, forjó un legado humorístico impagable. Vale

                              

“DonJardiel” está sentado

A la mesa, en el café.

Tiene libros a su lado,

Cigarrillos, dos habanos,

Un doble, agua y un té.

Escribe con gran cuidado

Por no corregir después.

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