Por: L.M.C.
Tuvo el poeta variadas certezas:
Sintió el viento rozar su piel
Y lo llamó viento;
Vio a la luz de la mañana
Surgir por un rincón del horizonte
Y la llamó luz;
Oyó el sonido de las hojas
Del árbol milenario caer,
Posándose, blandas, sobre el suelo,
Y lo llamó sonido;
Escuchó el canto del jilguero
Sobre la rama del espino albar
Y lo llamó canto.
Cada cosa que pudo diferenciar
La nombró de forma diferente,
Acorde con lo que era,
De modo tal, que cada cosa
Fue convertida en palabra.
Y así fue como el mundo
Tomó su gracia plena: en cada ser,
En cada forma, en cada diferencia,
En cada objeto, en cada idea.
Pues solo cuando las cosas
Son nombradas por primera vez
Solo entonces existen por vez primera,
Y, por eso mismo, por empezar a existir,
Pueden ser contempladas como reales,
Como individuales existencias demostradas.