Por: L.M.C.
Es la última frontera,
Cerca del norte polar,
Donde la vida es muy dura
Pero existe libertad.
Ajenos a carreteras,
Sin pueblos y sin ciudades,
Solo inmensas soledades.
Naturaleza salvaje
De ríos tumultuosos,
De lagos interminables,
De cordilleras y valles.
La nieve cubre la tierra
Largos meses invernales,
Y la colma con sus dones
De riqueza incomparable.
Los días son inefables
Las noches dignas de encomio,
El discurrir de la vida
Es odisea envidiable.
Ajenos a toda moda,
A noticias y a desastres,
A políticos delincuentes,
A miserias y a desaires.
Los que allí arraigan, viven,
Viven en paz, a su aire,
No viven de subvenciones,
No piden cuentas a nadie,
No reclaman más derechos,
Tienen deberes y saben
Ser de ellos responsables:
Si no trabajan no comen,
Si no se arriesgan ignoran
Si llegarán a mañana
Pues no hay nadie que les salve.
Personas con dignidad
Aman la naturaleza,
La veneran más que nadie,
Respetan los animales,
Que son su comida, y son
Seres salvajes, no “bambis”
Metidos en los zoológicos
Con vidas bien miserables.
No son tampoco enemigos,
Incluso aun cuando los cacen,
Pues los tratan como a iguales.
Ellos bien que los aprecian,
Son compañeros de viaje.
Es la última frontera
Lejos de un mundo que arde
Entre guerras y masacres.