(a Goethe)
Por: L. M. C.
¡Oh tú!, afortunado, que elegiste
Cruzar la línea sagrada de la vida
En el mejor momento:
Cuando aún la belleza te abrasaba
Junto a su pecho etéreo
Y tu joven corazón,
Tan alto y puro,
En una nube de amor
Vivía libre.
¡Oh Werther, el suicida!,
Sellaste tu destino con un beso,
Quién sabe si robado,
Y te marchaste lejos.
A donde no se vuelve.
Tan liviano y gentil (te despedías)
Que, en tu breve equipaje,
Solo portabas una queja de amor.
Un imposible.