Por: L.M.C.
Que placer acostarse
Tan ajeno del mundo
Que ni bombas ni muertos
Nos muerdan la conciencia.
Que placer estirarse
Y estar solo, así,
Como yo estoy ahora:
Aferrado a las sábanas,
Fundido a la blancura
De los finos tejidos.
Que placer tan inmenso
Escuchar un reloj
Resonando en la estancia
Y, dando media vuelta,
Olvidar que has vivido.