Lorca frente a Muñoz Seca

Por: Luis de Valdeavellano

          Estimados lectores, en este artículo, y en alguno más, pretendo hablar del nauseabundo papel de la propaganda política en la exaltación, o en el menoscabo, al que han sido, y son, sometidos distintos creadores literarios en función de su adscripción, sea esta real o inventada, a una línea política u otra.

          Suele decirse, con cierta razón, que las izquierdas han sabido recrear la historia -reinventándola a su favor- con mayor fortuna que las derechas. La manipulación de la información y de la opinión subsiguiente es sin duda un arte en sí mismo, aunque sea éste un arte obsceno y altamente pernicioso para las torpes masas a las que va dirigido.

          Me propongo, en esta ocasión, hablar de dos autores teatrales, pues en este aspecto de su labor creativa quiero centrarme -ambos andaluces- y como la manipulación de la historia, la “falsistoria”, ha convertido a uno en “protomártir”  progresista y al otro en un seudo-apestado fascista, que tiene que dar las gracias porque lo asesinaran los “buenos”.

          Pedro Muñoz Seca nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) en 1879 y murió asesinado en Paracuellos del Jarama (Madrid) en 1936 mientras, Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, Granada en 1898 y murió también asesinado en 1936 en Granada.

          Pues bien, mientras a Federico se le recuerda, un día sí y otro también, se le loa y se le “santifica” como un mártir de las izquierdas, ahora trasmutadas, alucinadamente, en progresía, a Pedro se le olvida, cuando no se le insulta o mancilla. Y digo yo, coloquialmente que, ni tanto ni tan calvo. Y veremos porqué.

          Para empezar haré un corta semblanza de ambos personajes empezando por el mayor de ellos que era Pedro, el cual provenía de una familia burguesa en la que su padre era procurador de los tribunales y su tío, canónigo de la catedral de Sevilla.

          Pedro Muñoz Seca destacó precozmente en su predilección por las letras, a tal punto que ya de adolescente era capaz de improvisar y hablar en verso. Se licenció en derecho y en filosofía pero muy pronto comenzó a escribir y estrenar teatro, trasladándose a Madrid trabajando como profesor. Luego se doctoró en derecho y trabajó de pasante colaborando en varias revistas.

          En principio se le podría definir como continuador del arte teatral de los hermanos Quintero, arte popular, dirigido a las masas no intelectuales, pero fue evolucionando teniendo siempre el objetivo de hacer reír al público, entreteniendo y divirtiendo. Fue muy prolífico como autor teatral, escribiendo y estrenando más de ochenta obras, muchas de ellas con gran aclamación del público, que siempre le admiró. Con su obra maestra: “La venganza de don Mendo” alcanzó un éxito extraordinario. Esta obra ha sido puesta en escena miles de veces, repuesta siempre con gran éxito, generación tras generación. Y sigue siendo, hoy, y siempre que se pone en escena, un seguro deleite para el público. Todo esto lo hizo sin dejar de trabajar como funcionario gubernamental, escalando puestos por méritos propios en la administración, hasta llegar a ser jefe superior.

          En compañía de Enrique García Álvarez fue el creador del “Astracán” que es una suerte de teatro paródico donde el chiste, las segundas lecturas y lo popular son trascendentes en el juego teatral. Durante su vida creativa fue uno de los máximos exponentes de la escena española del primer tercio del siglo XX. Dio trabajo y dinero a las compañías que montaron sus obras, fue un hombre comprometido y cabal, era creyente católico y monárquico inteligente.

          Federico García Lorca nació en una familia de hacendados burgueses con buena posición económica, pasó por la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde vivió largos años, destino y confluencia de los hijos de la alta y media burguesía española de la época, que daría lugar a una de las grandes generaciones de genios creadores de las artes españolas, y se licenció en derecho por la universidad de Granada. Fue un protegido del político socialista Fernando de los Ríos y amigo de Dalí y Buñuel -hijos como él de la burguesía- o de Falla, entre muchos otros, y parece que era de ideas liberales, pero acaso más alejadas del socialismo y comunismo, con los que se le ha querido relacionar, de lo que se pretende imponer. Fue coordinador y director del grupo de teatro universitario “La Barraca” creado con ayuda gubernamental al comienzo de la Segunda República, con la intención de llevar el teatro a las zonas de España más olvidadas.

          Es el autor de varias obras de teatro, calificadas por los “expertos” entre las mejores del siglo XX español, entre ellas: La casa de Bernarda Alba, Bodas de sangre, o Yerma. Que yo sepa no tuvo empleo remunerado alguno, aparte de su elitista dedicación artística, por lo que deduzco que fue un mantenido de su pudiente familia, que contaba con criados y trabajadores en sus fincas y tierras andaluzas, al más puro estilo del señoritismo andaluz.

          Ahora quiero trasmitir mi opinión sobre ambos personajes en dos vertientes y trayectorias: la personal y la creativa, y como la propaganda quita y pone a su capricho; minusvalorando a unos y encumbrando a otros.

          A mí, como aficionado al teatro, la obra más famosa de Muñoz Seca, “La venganza de don Mendo”, por sí sola, aunque no hubiese escrito nada más, ni antes ni después, me fascina, me encanta y me divierte siempre, la considero un prodigio de creatividad y talento, puestos al servicio del buen humor, de la diversión y el deleite que alegran los corazones.

          Las obras de García Lorca, sin negarles su grandeza teatral, me aburren, me entristecen; ni antes ni ahora, han merecido mi interés más allá del propio conocimiento de su existencia; considero que su fama es desproporcionada, y que son tan reconocidas por meros motivos espurios, ajenos a su propia excelencia teatral. Es, en todo caso, un teatro para minorías, para seudo-élites, tan pretenciosamente cultas como reivindicadoras de un progresismo dogmático que persigue infectarlo todo con su, tan fatua y manipulada, como falsa ideología.

          Como curioso impertinente y veedor de la realidad que pretenden imponerme, las trayectorias de ambos son también dignas de oponerse, y de ver como en algún punto llegan a confluir: el uno gran trabajador, no mantenido, creador de empleo y riqueza, de ideas liberales conservadoras y monárquico. El otro un señorito andaluz típico de la época, siempre mantenido por su propia rica familia y por su relación con miembros del poder, ni dio trabajo ni creó riqueza, también de ideas liberales y progresista ¿puede que republicano?

          Conclusión: los progresistas actuales, que han sido subsumidos por comunistas y socialistas, veneran a Lorca como el gran “mártir” de la guerra civil española mientras desprecian a Muñoz Seca haciendo, como siempre, un vil ejercicio de discriminación interesada, inventando, manipulando, e intentando dirigir a las masas hacia una lectura de la historia, sea ésta literaria, o de cualquier otra índole, vergonzosa y vergonzante. Vale

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