Por: L.M.C.
Por la montaña ascendiendo
Hay bosques de roble y encina,
Alcornocales y olivos,
Y ya en lo alto, en la cima,
Un mirador prodigioso
Que todo el valle domina.
Casas oculta la fronda,
Propiedades y alquerías
Apartadas de la vista,
Como sí, a la defensiva
De miradas indiscretas
Estuviesen concebidas.
Caminos desconocidos
Para curiosos turistas
Que no suelen alejarse
De carreteras y pistas.
Los miembros de la “n”ghetta”
La antigua mafia sardina
Dominan desde la umbrosa
Frescura de sus guaridas
Donde casi nunca llega
La justicia a la que obligan
La ley y la policía.
La mafiosa cofradía
De delincuentes ancianos
Tiene sus leyes torcidas
De mordidas y sobornos,
De secuestros homicidas,
De asesinatos muy fieros
Y sentencias sin recurso
Que recuerdan que las vidas
De los pobres lugareños
Están en manos asesinas.
Todos los capos del mundo
Tienen la sangre por guía,
La violencia por norma,
El terror por compañía.
En estas cuestas tan altas
Se respira la presencia
De unos ojos que ven
Pero que nadie los mira;
Oídos que lo oyen todo
Y gargantas que no gritan
Porque el miedo es silencioso,
Es cómplice de cobardía.
En estas sierras tan fieras
La justicia está proscrita;
El que no coma en la mano
Del amo de la cuadrilla
De los feroces sicarios
Que se encomiende la vida,
Que no hallara compasión
Para él y su familia.
En estas montañas reina
La ley de la tiranía
Oculta a ojos del mundo,
Más no a ojos que miran
Por la espalda de las cosas,
Por do casi nadie mira,
Si no fuera un insensato,
Un valiente o un suicida,
Quién, despreciando la vida,
Es escribano que apunta,
Con la espada de la pluma,
Esbozos de poesía.