Hallazgo en Valladolid

         Por: Luis de Valdeavellano

    (Quien sepa entender, que entienda. Autor: No sé quien lo dijo)

Nuestro nuevo corresponsal ambulante, recién incorporado a la redacción de esta revista literaria, abierta siempre a nuevas iniciativas narrativas, siempre que éstas merezcan su inclusión en ella, en función de su interés desde un punto de vista literario, pero también divulgativo, nos informa de un hallazgo que, de confirmarse en todos sus aspectos, podría revolucionar el estudio de nuestros ancestros, respondiendo así a ciertas preguntas que algunos seres humanos nos hacemos, un día sí y otro también. A saber: ¿De dónde venimos y a dónde vamos con esta tropa? ¿Está nuestra especie en peligro de extinción por la presunta decadencia intelectual de la misma, tomando como referencia a los políticos que nos gobiernan? ¿En esta sociedad infantilizada, y pueril, nuestro cerebro crece o mengua? ¿Podemos ser más torpes de lo que somos? o ¿En medio de la imbecilidad general aún queda algo de esperanza?

          Pero, dejando, de momento,  a un lado, la hipotética respuesta a estos temas candentes y yendo al asunto que nos ocupa hoy, con alegría hemos de decir, sin ambages, ni medias tintas, que la paleontología está de enhorabuena.

          Ha aparecido el esqueleto, casi completo, de un espécimen remoto, que puede cubrir varios huecos vacíos en el complejo esquema que forma el árbol genealógico de la humanidad.

          Naturalmente, nos estamos refiriendo a partes muy tempranas de dicho árbol, casi junto a las raíces. Ello mismo hace del suceso algo insólito, al mismo tiempo que maravilloso y aterrador, a la par que absolutamente inaudito.

          El sujeto hallado, al parecer un varón, ha sido bautizado por el equipo investigador como “australopitecus puentis socialisticus” y se trataría del primer ejemplar de esta especie encontrado fuera de África.

          Lo cierto es que, hasta ahora, siempre se había creído que el género australopitecus (o mono del sur), un homínido de cráneo aplastado, con una cavidad encefálica pequeña, y una mandíbula prominente, capaz, eso sí, de andar ligeramente erguido, era exclusivo de África, el haber hallado este esqueleto, al parecer en muy buen estado de conservación, (puede que debido a la proximidad del río Pisuerga) fuera del continente africano supone, de confirmarse la noticia en todos sus extremos, una verdadera “bomba”, permítaseme la coloquial expresión, en el mundo de la paleoantropología.

          Por supuesto, se espera un estudio más profundo, pues hay muchos aspectos todavía pendientes de aclaración, y todo este complicado proceso requiere de una exhaustiva verificación, sometida a las rigurosas leyes del protocolo científico, algo que llevara muchos meses o incluso años.

          Los autores de hacer pública la noticia, los sabios encargados de llevar a cabo la dirección de la excavación, no obstante su prudencia lógica en asusto tan delicado, han aventurado ya alguna primicia,  sobre todo resaltando la baja capacidad craneal del finado, o por decirlo con mayor propiedad: su pequeño volumen; lo cual, según ellos mismos indican, no tendría por qué estar necesariamente relacionado con su presunta capacidad cognitiva, aunque haya altas probabilidades de ello. Afirman también que, en el estudio de los restos hallados, se están empleando las técnicas más modernas disponibles en el mundo, y todo ello deparará todavía gratas sorpresas.

          El hallazgo se produjo, de forma absolutamente inopinada, durante la excavación fortuita de la cimentación del edificio que sirve de sede a un importante partido político, en la ciudad de Valladolid, cuando se procedía a unas obras de reforma para reforzar la estructura de dicho edificio.

          Dicho partido por el momento no se ha pronunciado, a la espera de lo que decida su líder carismático, salvo, al parecer, una voz autorizada, que ha salido a la palestra para quejarse de la demora que se producirá en la conclusión de las obras, cosa lógica por otra parte.

                                   Vale

          (Del libro  de relatos “Del lado de mi lodo”)

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