DIOCLES VERSUS ALONSO

Por: Miguel de Ungría

Un genio frente a otro genio.

          España es tierra de genios insólitos surgidos en medio de una sociedad mayoritariamente inepta, obscenamente indolente, demasiadas veces cainita, envidiosa y vil, que tiende a olvidar, cuando no a ultrajar, a sus personajes más ilustres.

          Cayo Apuleyo Diocles fue un genio de las carreras de cuadrigas, cuando ese espectáculo, ya deporte de multitudes, arrastraba a masas de miles y miles de ciudadanos romanos al éxtasis, a la locura más inaudita; donde el cruce de apuestas, la pasión, el amor y el odio podían llevar a los disturbios más cruentos, a peleas tumultuosas que derivaban en batallas campales e, incluso, al asesinato.

          Nacido en Hispania, (con gran probabilidad en Emérita Augusta, (Mérida) en 104 d.C., falleció hacia 146 d.C. en Palestrina, actual Italia) su carrera no tuvo parangón en la historia de las carreras de carros, en todo el mundo romano, a lo largo de todos los siglos de pervivencia del imperio. Compitió en más de cuatro mil carreras de las que ganó mil cuatrocientas sesenta y dos, con un portentoso treinta y cuatro por ciento de triunfos en veintitrés años de competición. Fue tan famoso como lo es una estrella actual de las artes, o de los deportes, y ganó más dinero -comparativamente-  que ningún deportista moderno.

          Fernando Alonso Díaz, (Oviedo, Asturias, el 29 de julio de 1981) su glorioso heredero, ha sido, hasta la fecha, el primer y único campeón del mundo de fórmula uno, por dos veces, nacido en España. Fruto de un imposible, es un campeón surgido del sueño de sí mismo y de su familia, sin más padrinos que su arrojo, su pasión y su talento increíble.

          Hablamos de uno de los mejores pilotos de la historia de la fórmula uno, según afirman los que más entienden de este deporte. Luchando siempre contra “los molinos” que son el hegemónico mundo automovilístico anglosajón, que gusta imponer su poderío económico intratable, y que, a veces, se aproxima demasiado a una endogámica mafia excluyente.

          Fernando es uno de los más grandes pilotos de automóviles de siempre, aunque no lo sea por campeonatos ganados, pero sí lo es por su categoría competitiva, por su conocimiento único de los coches de carreras, por su talento excepcional y por su longevidad en la competición, siendo su dominio del volante de un coche, en cualquier modalidad de competición, inigualable, habiendo competido y ganado en pruebas de velocidad, resistencia, “rallies”, karts, siendo larguísimo su historial de triunfos y de récords durante más de treinta años de carrera.

          Ambos representan el enorme talento hispano, el arrojo contra natura de una tierra de genios imposibles, que dieron un continente al mundo, o la primera vuelta a la tierra. Dignos ejemplos del noble temple español, tan denostado por nuestros celosos enemigos extranjeros, siempre prestos a vilipendiar al gran pueblo español, y por nuestros propios enemigos internos: los separatistas envidiosos, los resentidos infaustos, esos apátridas mentales que nos rodean, sumidos en su cubil pestilente de miseria moral, que se trasluce en baba infecta como la del dragón de Komodo, que mata con su saliva, el veneno que destila por su boca.  

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