Por: Miguel de Ungría
De niño, “Willy” soñaba con recorrer los grandes espacios, no hollados, del oeste americano. Quería seguir la estela de los pioneros que, por entonces, se atrevían a adentrarse, jugándose la vida, en un territorio naturalmente hostil, tanto por el propio salvaje territorio, inexplorado para el hombre blanco, que parecía querer oponerse a todo intento de civilidad, como por la presencia guerrera de sus pobladores ancestrales, de carácter fiero, e implacables defensores de sus sagradas tierras.
Tuve noticia de la existencia del héroe siendo muy niño, pero ya por entonces voraz lector de todo escrito que cayera en mis manos. A este Willy, que para mí siempre será “Buffalo Bill”, lo descubrí en un comic, de los entonces llamados genéricamente “tebeos”; de los muchos que devoré en mi infancia. El gran cazador resumía las virtudes arquetípicas del adalid que podía fascinar a todo niño soñador y aventurero.
Y yo soñé muchas veces con él. Jugué muchos días a ser él, a cazar búfalos como él, a luchar contra los indios. Monté en poderosos caballos como los que él montaba, tan incansables como imaginarios. Seguí, siguiendo sus pasos, la huella del Pony Express, el mítico correo postal que murió muy pronto por la llegada imponderable del tren que lo había de cambiar todo, para el que trabajó Willy cazando búfalos con los que alimentar a los trabajadores, los que le darían su apodo legendario. Defendí fuertes, caravanas y poblados, peleé contra los forajidos más desalmados, contra los implacables indios cortadores de cabelleras, y fui amigo entrañable de otros, como Toro Sentado, que fueron mis hermanos, con los que mezclé mi sangre en ceremonias iniciáticas de hermandad.
Son muchas las facetas del gran Willy: pionero, correo, militar, cazador, actor, escritor, empresario circense, luchador por los derechos de los indios, de los negros, de las mujeres. Bien es cierto que yo entonces no conocí muchos de estos aspectos de aquel personaje tan increíblemente creativo y soñador. A mí lo que me fascinaba, en aquel tiempo de tebeos, era su faceta de guerrero, de cazador, de hombre libre del Oeste. De aquel que vaga, feliz dueño de sí mismo, por la naturaleza grandiosa, inabarcable y salvaje, sin más destino que cada nuevo horizonte que sabe que se oculta tras la última montaña desvelada. Siempre con la inquietud de ir más allá, en busca del insondable destino de los héroes. Ese destino incierto que, aún hoy, sigo soñando y persiguiendo.
Willy nació como William Frederick Cody (Buffalo Bill) un 26 de febrero de 1846 en Le Claire, Condado de Scott, Iowa y falleció en Denver, Colorado el 10 de enero de 1917. Fue medalla de honor del ejército americano.