Por: Luis de Valdeavellano
¿Porqué me dijo que estaba sola?
¿Acaso intuyó que observaba sus tetas
Tan blancas
Por el escote demasiado entreabierto
Del vestido verde aquél?
¿Supo que la repasaba?
Yo estaba escudriñando su cuerpo maduro
Mientras hablábamos,
Sopesando la posibilidad
De un encuentro breve y salvaje
Tipo tumbarla sobre la mesa,
Subirle la falda
Sin miramientos,
Arrancarle las medias y las bragas
Y metérsela sin contemplaciones.
Sin besos, ni palabras amorosas,
Ni falsas promesas.
Sin amor y sin cariño.
Solo por deseo.
Porque sus ojos de celo
No asumido
Me inspiraban ganas de complacerla
En la medida de mis fuerzas.
Pero su boca no pedirá nunca
Lo que su cuerpo anhela
Para comprender que la vida
No es solo respirar, más o menos,
Veinte veces por minuto,
Ni hablar de trivialidades,
Un día tras otro, con alguna amiga
Como ella, insatisfecha,
Mientras toman un café
Demasiado edulcorado,
Sino dejarse arrastrar,
Revolcarse en las pasiones,
De vez en cuando,
Como una perra,
Y sentir como el corazón
Se desboca
Ante la presencia de un desconocido,
Un cuerpo cualquiera
Que no te pertenece,
Que tomas prestado
Solo durante el tiempo necesario
Para explotar,
Y luego regresar a la realidad
De lo cotidiano
Mientras el recuerdo te lame las heridas
De la vida.
¿Qué pensará de mí
Cuando me haya ido
Sin haberla tocado?