Por: Luis de Valdeavellano
Según el diccionario demiurgo es la divinidad que crea y armoniza el universo. El alma universal, principio activo del mundo.
Traslademos estas definiciones al mundo de la música y hallaremos lo que representa Nick Cave en la escena musical mundial en la actualidad.
A partir de un joven músico punki, náufrago durante años en un mar embravecido de drogas y contradicciones, sometido al albur de tormentas y corrientes humanas irrefrenables: de excesos y de adicciones, de amores y de tragedias; golpeado sin piedad por la vida y por la muerte más dolorosa, he aquí como, ya en la plenitud de su vida y de su carrera se presenta en escena como un músico virtuoso, rodeado de un plantel de compañeros de su nivel, para ofrecer un espectáculo único de música inolvidable. Una fusión escénica a caballo de variados géneros que se cruzan y se amalgaman de la mejor manera hasta crear un vínculo afectivo, inolvidable, entre el espectador y el ejecutor, en una función que supera los límites del mero espectáculo musical añadiéndole un componente cercano a lo espiritual, muy próximo al hermanamiento, pero donde el material sonoro es manejado de forma virtuosa, creando atmósferas únicas que van desde el hardcore punk al góspel, con reminiscencias constantes de rock o de blues, enlazando con pasajes de corte minimalista, e incluso momentos en que se pueden percibir ciertas formas dodecafónicas. Se trata, en suma, de una alambicada orquestación trenzada por unas letras adultas, lejanas al simplismo infantiloide que suponen la mayoría de las letras de las canciones actuales.
En la actuación realizada, con brillante virtuosismo, en el Wizink Center de Madrid el viernes día 25 de octubre, de 2024, Nick Cave se presentó con su banda The Bad Seeds, completada por un excelente cuarteto de voces, desplegando todo el poderío que solo un grupo musical bien engrasado puede dispensar, donde destacó sobremanera el impecable sonido, que permitió apreciar todos y cada uno de los matices musicales, y fueron muchos, tal como una actuación de esta categoría debería deparar siempre. Es destacable además la puesta en escena, la producción que aunaba luces e imagen, permitiendo gozar así de un espectáculo total, próximo a lo que es el espíritu de la ópera tradicional, trasladado al mundo de la música moderna.
Luego estuvo él, la estrella, ejerciendo de líder en todo momento, absolutamente próximo a los espectadores, gozosos, de las primeras filas, que disfrutaron como nunca, y como siempre deberían hacerlo cuando alguien paga una entrada para un concierto. Allí estaba, sólido y poderoso en su magnificencia el gran héroe musical, el pope emocionante que oficiaba la ceremonia, la celebración, logrando la unión con el público sin cruzar el abismo de la afectación, llevando a los fieles seguidores a una comunión inapelable.
Nick Cave se ha trasmutado, con el paso de los años, en un magnifico maestro de ceremonias, en un dandi de la escena musical, puede que, de los últimos dandis del mundo del espectáculo, trufado en la actualidad de macarras barriobajeros que exhiben sin pudor vulgaridad, grosería y mala educación.
Vale
Una reseña digna de tan inolvidable conciertooo!!!! Bravo
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