Por: L.M.C.
Oh que soledad tan grande
La de esta tarde sola.
Pura ausencia de ti
Mi corazón se desmorona
Encogido por la pena.
Es, pensarte, una condena.
Te echo tanto de menos…
Tu no presencia es congoja,
Un árbol seco y sin hoja.
Llueve en mi alma que vela
En esta tarde que llueve
La negra ausencia que hiela
Sobre una luna que nace
Y ya en el cielo riela.
Las lágrimas de mi yo desesperado,
Ayer altivo, hoy desmantelado,
Se vierten, sin ser vistas, furtivas,
Sobre el libro, ayer gozoso, de la vida.
De esa vida, feliz y afortunada,
Que solo es dichosa contigo,
A tu abrigo.