Por: L.M.C.
Leer a buenos poetas,
A poetas inspirados,
En enseñanzas versados,
De bellas rimas dotados
Por los hados,
Es acto de vocación
Para vencer el hastío,
El tedio y cansancio mío.
Del “sota, caballo y rey”
Con el que la presunta grey
De críticos envarados,
Eternamente obligados
A poetas señalados
Como ídolos del verso,
Huyo sin enconamiento,
Y me niego a ser converso.
Pretender que comulguemos,
Con los mismos, por lo mismo,
Causa en mí gran desaliento.
Huyo sin más aspaviento
Que señalar, con lamento,
Que es grande su hipocresía,
Y poca la sabiduría
Que muestran sin embarazo.
Solo hallo ideología,
Preñada de dogmatismo,
De la palabra baldía,
Siempre hablando de lo mismo,
Y no de creación plena,
Es algo que me da pena.
Es horror y es desvarío
Del que yo ya no me fío.
Hay mucho poeta zafio,
Engreído, y elevado,
A cotas de presunta enjundia
A donde ha sido llevado
Por mor de teorizantes
De la crítica adueñados:
Los que dictan su sentencia
Con desprecio de la audiencia,
Pues se creen, engolados,
Presuntos superdotados
De la palabra y el verso,
Mas no tienen universo
Creador que les distinga.
Son meros inquisidores,
Sabios de palabra hueca,
Cluecos como polla clueca,
Que veneran a los suyos
Como perfectos capullos
De perfumes sobajados,
De la nada más adusta
De la más adusta nada.
Yo no dejo que me invada
Su enferma patología
Porque tengo que decir,
Para quien me quiera oír,
Que amo la poesía
En su función verdadera,
La de hacerme sentir,
Que es mi forma de vivir
Y la que me da alegría.