ULISES EN TIEMPO REAL (Dos)

             (Cuando leer a Joyce es la “odisea”)

                             Manual de Uso

Por: Miguel de Ungría

(Continuación 2)

8 El señor Bloom está en la calle. Me he enterado en la tercera página del capítulo, pero ahora lo sé con casi absoluta certeza. No importa… antes o después me tendría que enterar. Tira comida a las gaviotas que son las marinas ratas aéreas. No alimentes a las ratas. Apotegma. Animalistas aparte. Ellos con sus subvenciones.

          Robinson Crusoe no existió salvo en la imaginación de Daniel Defoe, pero el español Pedro Serrano sí. Los españoles han hecho el mundo tal como es, primero de todos. La envidia de las naciones será siempre nuestro premio… y nuestro castigo.

          El señor Bloom medita mientras camina, eso es seguro, porque la mente, en algunas personas se mantiene especialmente activa mientras se la active, por ejemplo caminando. Y, claro, sus meditaciones son fluctuantes, como todas las meditaciones que se precien de serlo, si no serían resoluciones, concreciones, precisiones, puntualizaciones. Pero son azarosas como los hombres anuncio, esos seres tan reales que van pateando la ciudad por un sueldo de subsistencia con los tablones en pecho y espalda convirtiéndolos en bocadillos, bocadillos de hombre, alimento necesario para la publicidad que ha existido siempre, bajo múltiples formas, para ser devorada por las masas famélicas, mientras al él se le ocurren ideas peregrinas que no tiene a quien vender si no conoces compradores que busquen tus peregrinas ideas.

          Ya sabemos más, no va, en realidad vuelve, claro está que todo depende del punto de destino, vuelve del entierro. Y recuerda las carnes blancas de Molly sin corpiño. Blancas, pero blancas blancas casi traslúcidas no holladas apenas por la luz siquiera pero sí por algunas manos puede que también las suyas.

          El muerto se llamaba Dignam, no sé si lo había dicho. Del corazón murió. Casi siempre se muere del corazón, por una u otra causa. Por mucho que se diga, el corazón está presente en cada muerte puesto que siempre se para, se termina parando, aunque algunas células demanden, imperiosamente, seguir viviendo por su cuenta.

          Un encuentro con la señora Breen. Conversación convencional, trivial conversación pero necesaria, el tiempo ha dejado su huella en ella. Busca a su tembloroso marido el señor Denis Breen, que puede estar en uno de esos bares donde paran los maridos temblorosos. Despedida y olor a comida recién hecha. El olor también alimenta, es cosa sabida. Sigue la pista de un buen olor y encontrarás una buena comida, es una máxima, “una verdad como un templo”. Adelante, Bloom. Me refiero a que sigas olisqueando. Caminar y recordar y divagar  oliendo mientras la mente va de aquí para allá sin más, o mejor… a pesar de…

          Las palomas del Parlamento irlandés cagan denso, macizo, pero no más que las demás palomas pese a todo, pero denso y macizo son una constatación del tipo de cagada.

          ¿Quién no ha corrido delante de los polis durante la universidad? Siempre se dijo que allí, en Trinity College, como en todas, los secretas se mezclan con los alumnos. Puede que formen un dúo inseparable alumnos y secretas.

          El Sinn Fein, a través del IRA, fue dueño de la vida y de la muerte. Había que caerles bien. Siempre hay que llevarse bien con las pistolas. ETA también siempre presente en los cementerios. La autonomía, esa hija bastarda de la independencia. Nacen y mueren niños que dejaran pronto de ser inocentes. Nadie lo es por mucho tiempo. Ni los idiotas. Pasarán a ser simplemente contentadizos, estúpidos y elementales. Y se creerán héroes cuando son solo asesinos. Auto justificados. Siempre hallarán motivos para ajusticiar, pero nada justifica la cobardía del crimen sobre el indefenso.

          Al señor Bloom parece que le adelantan siempre, por la derecha o por la izquierda, por arriba o por abajo. Se llama adelantamiento de bordillo.

          Hace un siglo los vegetarianos simulaban ya filetes hechos con verduras. Tonterías de niños bobos. Ojos de vaca llorona mirando al pasto. Arrancar la lechuga es más cobarde que matar un jabalí. Que ponerse delante de un toro bravo. La lechuga es un ser vivo absolutamente indefenso…el toro no.

          Con buena educación se llega muy lejos. Ése es el axioma. Me lo decía siempre el tío Abundio. Si no, siempre queda la violencia, la de la palabra, la del gesto o la de los puños. Primero, educación. Primero. Pri. P.

          El señor Bloom pasó por delante de La Maisón Claire, por delante de Adam Court, por delante de… ¿A quién le importa realmente por delante de donde pasó míster Bloom?

Pasó y pasó y siguió pasando… esta vez por la calle Grafton, sí, esa, la de los toldos, la de las muselinas y las señoras sugerentes. Molly en la memoria. El hambre de comer ¿produce el otro hambre? Restaurante Burton. Lleno. Cada uno come como sabe. Es cierto: “hombre hambriento es hombre violento”. Es cierto.

          El señor Bloom no pudo comer allí. Mucho barullo. Cambio de plan. Mejor algo ligero. ¿Qué es ligero? En la taberna Davy Byrne. Bocadillo de queso. Y aceitunas italianas. Y Molly sigue cantando, por supuesto. Se va de gira. Una gran gira. Negocio a la vista. Participación en gastos e ingresos.

          Las dos de la tarde. Tan solo las catorce sobre veinticuatro. Ya queda menos pero queda mucho aún, todavía.

          Ponga vino, licor… ponga ponga, llene el vaso sin temor.

          Las apuestas no son cosa buena. Jugar es perder, siempre, pura probabilidad, se diga lo que se diga siempre pierden infinitos más de los que ganan. Los caballos son muy importantes… son apuestas, pero son animales, nunca sabes.

          El señor Bloom moquea y bebe. Piensa en comida. La comida lo es todo: reunión, contacto, preliminar, afrodisíaco… El vino, el borgoña un poco peleón, templa el ánimo, pero puede que luego lo afloje, si te pasas, pero… casi siempre te pasas.

          Recuerdos de labios abiertos mientras estaba tumbada. Yacente. Labios abiertos. Las mujeres tienen más labios que los hombres… labios… labios… eso es innegable, pese a la confusión de los géneros y los números, propio de los sustantivos. Pero no de los mamíferos.

          Moscas, dos, zumbando en el cristal de la ventana. Luego la mente dibuja curvas de diosas frías y lascivas, curvas torneadas de maderas nobles.

          Ya no trabaja en seguros, Bloom. Ahora busca anuncios para el Freeman, el periódico… ése, el Freeman. Va de luto, todo un detalle con el muerto. La gente ya no piensa en el muerto casi nunca. Ni los deudos. Se visten con desidia, como cada día, iguales en su desidia. Pero cada día tiene su traje, su ropa. Es un símbolo que define al muerto… y al dandi.

          Él es de la hermandad, el señor Bloom, me refiero, que hay que decirlo todo y no te enteras. Ya tu sabés, si pertenecés te apoyán en las malas. Pero no es fácil entrar. Lleva su tiempo y hay que demostrar y merecer. Y ser buen bebedor, que eso cuenta. Cada cosa a su hora. Sin excesos… pero sin defectos.

          Entran varios. Sale Bloom. Canta a pesar del perro vomitante… es el borgoña ¿Quién pisaría la primera uva?

          Calcular lo posible en su negocio es importante aunque quizá no sea conveniente precipitarse y comprar enaguas de seda antes de tiempo. Molly con ligas y con enaguas ¡guauuu! Que de tiendas hay en Dublín.

          Ya no hay que cruzar a los ciegos por las calles. Ahora tienen rayas en las aceras y semáforos sonoros. Entonces sí. Pobre ciego. Piensa en el karma, la transfiguración, el consuelo del iluso. No es cierto que la vida te dé o te quite por tu comportamiento, no es cierto. La vida es ciega… más que los ciegos, hay que ayudarla a cruzar la calle.

          El Mesías de Haendel, ese alemán que conquistó Inglaterra y cambió su música para siempre… luego los Beatles. (Continuará)

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