(Cuando leer a Joyce es la “odisea”)
Manual de uso
Por: Miguel de Ungría
(Cuatro)
10 El muy reverendo John Commee a las tres menos cinco de la tarde bendijo a un marinero pedigüeño pendiente de unas muletas con una pierna amputada, pero no le dio nada. No tenía dinero disponible para él pues solo contaba con una moneda que iba a necesitar a continuación. Pero su bendición suponía una clara nota de recomendación para el cielo… algo es algo.
En su camino el reverendo se va encontrando con gente conocida, sobre todo con señoras. Son respetables esposas de sus respetables maridos. También encuentra a su paso escolares propios y ajenos. Luego pasó por la tienda del señor Gallagher, por la puerta de la tienda, se entiende, que olía a delicioso tocino y a manteca, que, si usted improbable lector tiene el olfato educado, huelen algo diferente, la tienda no el señor Gallagher, aunque él puede que también oliera un poco a tocino y a manteca; luego, en el estanco de Grogan, concretamente en el tablón de noticias de la puerta, leyó lo de la catástrofe de Nueva York. Todos los días hay alguna catástrofe en algún lugar. Los periodistas viven, casi en exclusiva, de alguna catástrofe producida cada día en algún lugar.
Después, terminó pasando por la taberna de Daniel, la funeraria de O´Neill, saludó a un guardia identificado con un número, y llegó a la salchichería que había en Youkstetter. Creo que se extasió un poco ante la preciosa exposición de embutidos de todo tipo, colgados con arte y dedicación como cuadros en un museo, lo que, en el caso de los curas, puede ser objeto de sanción celestial por el tema de la gula y el de los pensamientos y deseos impuros, porque temo que Dios, o al menos sus herederos, no sean muy amigos de la ingesta de embutidos. Tras extasiarse un poco, procurando hacerlo con disimulo, divisó la barcaza de la turba y al barquero y a su caballo.
La turba es obra de Dios, pensó el buen padre John Commee, como lo es el barquero y su caballo, como él mismo y los embutidos lo son, y esto le confortó un tanto, pero ésta, la turba, se oculta en pantanos pútridos esperando ser extraía por hombres intrépidos que la harán llegar a la ciudad para servir con su calor a los más pobres y para llenar el aire de ese humo pernicioso llamado “smog” ¡Alabado sea el señor de la turba que tolera el smog… y los embutidos!
En el puente de Newcomen el reverendo Conmee, miembro emérito de la iglesia de San Francisco Javier, subió a un tranvía. Era un día tranquilo. Una señora discreta y su discreto señor marido viajaban también. La gente discreta suele esconder secretos verdaderamente inconfesables incluso para los miembros de la iglesia, los encargados de escuchar sus confesiones inconfesables hasta que aparecieron los psicólogos.
Un hombre viajaba sentado en el mismo borde del asiento lo que produjo cierta intranquilidad al buen padre, amante del orden formal y de la estética del equilibrio. Viajaban también el cobrador del tranvía, que lo hacía por obligación, y una vieja con pinta de estar un tanto desvalida.
El padre pensaba en ese momento, olvidados los embutidos y la turba, y el caballo y el barquero, que hay un montón de blancos, negros, amarillos, pardos, sonrosados y lilas cuyas almas permanecen al margen del bautismo y, por tanto, serán irremediablemente rechazadas cuando intenten entrar en el reino de los cielos. ¡A dónde irán tantas almas al margen del bautismo? ¿Intentarán entrar en otros cielos de otros dioses de otros colores? ¿Tienen el mismo color las almas que la piel de sus portadores?
Mary Belvedere es la primera esposa y condesa del celoso lord Belvedere, su esposo conde. Se sospecha que pueda ser adúltera con el hermano del conde. ¿Se confesaría del todo todo todo con el padre? O… ¿dejaría algo solo para Dios?
Rezos de Nona en la paz del convento, mientras un joven sale de un cercado cercano seguido de una joven que se quita pajitas del vestido mientras le sigue ¿Vienen de hollar las flores del jardín tras el cercado cercano?
“Principes persecuti sunt me gratis: et a verbis tuis formidavit cor meum”: Traducción. (Porque muchos escritores se pasan de listos cuando escriben cosas en diversos idiomas y no las traducen, como si todos tuviésemos que ser tan listos o versados en lenguas extrañas como ellos mismos presumen ser) Traducción: “Unos príncipes me persiguen sin motivo: mi corazón tiembla por tus palabras”. El que pueda que entienda.
Corno Kelleher, el pasante de la funeraria, mordió, una vez más, su brizna de heno, (Aunque ya se había inventado la goma de mascar él prefería las pajitas de heno) mientras se asomaba a la puerta de la misma, mientras llegaba el guardia, exactamente el agente 57C, con el buen fin de perder un rato de su tiempo pagado con dinero público. Mientras tanto, al mismo tiempo que el guardia empezaba a perder el tiempo, el marinero de una sola pierna convertida en muñón pendiendo de sus muletas recogía la moneda lanzada al aire desde la ventana de la calle Eccles por un generoso brazo rollizo y blanco como la leche directamente con su gorra de punta mientras mascullaba palabras tan manidas de ser masculladas por él, puerta tras puerta, ventana tras ventana, esquina tras esquina: “Inglaterra… hogar… belleza…” La robusta joven que había tras del grueso brazo blanco blanco casi casi como la leche, se apercibía de que su moneda había ido a parar justo a la gorra de punta del marinero del muñón, felicitándose por ello, mientras los niños ruidosos inevitables de la calle hacían de la calle algo inevitablemente ruidoso, y el muñón colgandero del amputado marinero “mascullante” de la gorra de pico, suspenso sobre sus muletas desaparecía de la escena.
Y aquí están de nuevo Katey y Boody Dedalus, que no han podido vender los libros. Porque deben ustedes saber que los libros son la peor inversión del mundo pues se devalúan absolutamente una vez adquiridos. No valen casi nada cuando se revenden, salvo excepciones puntuales. Los libros solo valen para aprender, para saber, para formarse, para entretenerse. En realidad no sirven para casi nada… para nada importante quiero decir. Para lo importante ya están la televisión, la prensa, la radio e Internet y las consignas políticas. Eso es lo que es lo que es importante lo que es.
Y mientras, Maggy, ante el fogón, hace lo que puede con unos guisantes. ¿Qué se puede hacer con unos guisantes…? Pues guisantes salteados… o mejor aún, sopa de guisantes. Milagro es que haya sopa y pan en ese tiempo cruel. “Danos hoy nuestro pan de cada día…” Y sopa de guisantes…
Inciso: Hay un pollo pera de reloj con cadenita de oro tanteando a la chica rubia indecisa en la tienda de Thornton.
James, ya me siento con el derecho de tutearle, vivió largo tiempo en Italia, sabía italiano, era lógico que lo usase, incluso cotidianamente y lo hizo. Un poco de italiano. Que no se diga. Hasta Stephen Dedalus creo que sabía italiano ¿Quién no sabe italiano… al menos un poco? Almidano Artifoni, el maestro batuta, era italiano y lo sabía.
Otro poco de la señorita Dunne y cinco hombres sándwich deslizantes con chisteras blancas.
Ned Lambert en la sala de consejos de la abadía de Santa María, lugar, el más histórico de todo Dublín a causa de la rebeldía de Thomas “el Sedoso”. Burke escribirá algo sobre el asunto. Tema espinoso es el de la rebelión contra el anglo.
Apuestas y cháchara inconsistente. ¿Será cierto que una piel de plátano puede producir una muerte accidental en caso de un desafortunado encuentro entre ésta, la piel, con el pie intranquilo de un borracho? Oh sí, por supuesto que es ello posible, es posible ello, no probable pero sí posible, sobre todo en medio de la noche… en una acera mal iluminada, húmeda…. es posible es posible es posible.
Están Lenehan, M´Coy, Nosey Flynn hablando de ese jodido caballo que no vale nada. Vale, el caballo que no vale nada no está pero hablan del él como si estuviera. Como si le pudieran palmear el anca y llamarle rucio, jumento, y entonces el caballo puede que se ofendiera enseñando sus peligrosos grandes grandes dientes.
Tras el puente de hierro está el muelle de Wellington. ¿Seguirá aún allí?
Rememora Lenehan un banquete anual en algún sitio con alguna gente importante y con oporto importante y jerez importante y mucha comida importante e importante carne fiambre, es decir: muerta y fría. Y ya se lo han bebido casi todo y es media noche de jarana y ya van volviendo en el coche de caballos. Bloom y Callinan ocupan un lado del prieto carruaje, Lenehan y la señora Bloom tetas grandes van en el otro. Está oscuro y hay bamboleo del coche y las curvas son cerradas; la manta cubre por debajo, el boa se mueve por arriba y la señora jaquita cachonda pregunta a su marido, que sabe mucho de estrellas, por las estrellas, y él las mira por la ventanilla y las va señalando con su mano mientras Lenehan está en “la vía láctea” señalando con las suyas las cosas tocables de la señora.
El señor Bloom es un hombre educado, culto, que compra libros de viejo, por ejemplo “Las dulzuras del pecado”. El vendedor de aliento de cebolla dice que el libro es bueno con la misma certeza que escupe una flema y la pisa luego sin convicción. “Ése es bueno”.
El portero de la casa de subastas agitó la campañilla adjudicando un lote. Dolly Dedalus es la hija del señor Dedalus ¿No sé si lo sabían? Ya se lo digo yo. También les digo que el señor Dedalus tiene luengos bigotes. Cosa decorosa e importante son unos largos bigotes, lo cual le acredita y le da cierta autoridad para criticar la forma de andar de su hija, que anda algo cargada de hombros. Es poco elegante, en una muchacha, el andar cargada de hombros. Además tendrá repercusiones sobre su salud. Hablan de dinero, de poco dinero: un chelín, cinco chelines. Un penique, dos peniques. Las monjitas también saben mucho de dinero. Son ejemplares manejando el dinero. Les cunde. Saben que la carencia de dinero es terrible en un mundo donde el dinero lo es todo. Las monjitas eso lo saben muy bien.
El señor Kernan, satisfecho por haber conseguido un pedido, es diferente. Irradia felicidad. Piensa en que el tiempo es bueno para el campo pero los agricultores nunca lo reconocerán. Para ellos siempre podría ser mejor o peor. Siempre. Pero sobre todo piensa que sería conveniente celebrar el pedido con una buena ginebrita… el pedido. Celebrarlo tomando ginebra mientras se comenta esa explosión del barco. La tragedia de cada día. Mil víctimas o más. Las noticias tienen que ser negativas para serlo… quiero decir, verdaderas noticias. La gente se siente mejor hablando de la tragedia ajena y sugiriendo lo que habría que haber hecho para haberla evitado. La tragedia. América, Estados Unidos de América, USA, EEUU, donde ha sucedido la tragedia, es diferente pero no tanto. Allí viven gentes llegadas de todo el mundo, es un país de emigrantes, luego es un lugar como otro cualquiera del mundo.
Y, por supuesto, hay corrupción… “donde hay dinero siempre hay alguien que se lo queda” dice el señor Crimmins. Que razón tiene.
Que manera de complicar los nombres con tantas consonantes que no consuenan, tienen los anglosajones. Eso lo digo yo.
Ir elegante siempre llama la atención en un mundo de palurdos sin clase. El dandismo es una religión. Esa chaqueta de segunda mano está muy bien.
Por aquel muelle debieron colgar a Emmer, supongo que fue un irlandés rebelde. Eran otros tiempos en los que se colgaba a la gente con suma facilidad, como ahora en ciertos países dominados por los santos representantes de cierto dios. También eran los tiempos de hombres recios de los llamados “de cuatro botellas”. Ya tú sabés.
Muchas cosas, pequeñas cosas, cosas diferentes, pasan mientras Stephen Dedalus camina hasta detenerse ante un carro de libros viejos. Ellos son los parias de los libros, de todos los objetos de segunda mano. Salvo excepciones claro. Dilly se encuentra con Dedalus ante el carro. Remordimiento, desdicha. (Continuará)