(Cuando leer a Joyce es la “odisea”)
Manual de uso
(Seis)
Por: Miguel de Ungría
(Continuación)
11 “Burla burlando” decía Quevedo, el gran escritor, a él me refiero, porque hay por ahí un musiquillo “copiota” …
Creo sinceramente que había tomado, Joyce, luego releyó y como no entendió nada, o casi nada, por los vapores, le pareció bien le pareció le parec le par le pa le l…. es lo que tiene la dipsomanía.
Primera página sin comentarios y la siguiente sin epítetos. Llegamos a la tercera y de nuevo aparecen las señoras del visillo, señoritas Kennedy y Douce, excelentes camareras, espiando en los ratos libres con sencilla naturalidad, la misma del limpiabotas, el cual espía sin visillos mientras limpia, o espera limpiar, a la puerta del bar mientras la señorita Kennedy servía el té. Hablaban entre ellas de su piel, al paso, de tanto en tanto, de sus pieles, las del cuerpo, asunto importante en cualquier conversación entre mujeres. Decir mujer y decir piel y cuidado de la piel y múltiples cremas es decir mujer.
En ese momento, quiero decir: mientras las señoritas tomaban té, era recordado Bloom, el cual pasaba coyunturalmente por la calle donde se hallaban ubicadas las oficinas de Cantwell, donde Nannetti padre, en aquella calle concretamente, vendía aceites de puerta en puerta.
El señor Dedalus encuentra a las señoritas tomando té en el bar, saluda y se interesa por la piel morena de sol de playa que muestra la señorita Douce. El señor Dedalus quiere whisky y agua: agua del cielo y agua de fuego. A eso se le podría llamar “tomar las aguas”.
El Ormond es un buen bar, cafetería y restaurante, bien atendido por las señoritas Kennedy y Douce, dulces camareras morenas de tomar el sol de la playa y tomadoras de té.
Está Boylan tomando bitter, Lenehan toma licor de endrina… ginebra, pacharán, licores donde el endrino tiene mucho que decir. Son las cuatro en punto de la tarde. Las corridas en aquel tiempo, en España, empezaban una hora más tarde. A las cinco en punto de la tarde.
Pat el camarero sirve comida sólida como platos de hígado con tocino, filetes, o pastel de riñones.
La señorita Marion se quita con facilidad todo tipo de trajes. Marion es una señorita de buenas carnes irlandesas. Puede que pelirroja.
Leopold cortando tajadas de hígado, mollejas, bofes, comiendo Richie, Collins, Ward y el señor Bloom comía también.
Por Bachelor´s Walk, “el paseo del soltero”, paseaba, mientras tanto, en calesín, Blazes Boylan petimetre.
Sonaba el piano, cantaba Ben Dollard. La señorita Kennedy servía cerveza, servía y servía, servía cerveza.
Con el hígado va bien el puré de patata. Molly riendo ahogadamente excitada aquella noche de la vía láctea. Recuerdos.
Llegaba el señor Lidwell procurador, sus amigos dentro, en el comedor. El hígado no tiene huesos. Es todo alimento. Canciones de amor y pastel de riñones. Simon Dedalus cantor. Los tenores ligan más que los barítonos: “…La primera vez que la vi… ojos españoles, de Madri.” Y todos se tomaron su consumición.
Henry escribe a Martha: “Seré tu amante bandido… bandido” como cantaba Miguel Bosé composé con doble sentido. La música. “la música tiene encantos” dice Joyce que dijo Shakespeare. Ser o no ser. Ser y no ser. Ser por no ser. Ser sin ser. Ser para ser. Ser para no ser. Menudo tostón ¡Yo que serrrr… ¡Dijo Chiquito de la Calzada.
El camarero calvo Pat es un calvo camarero eficiente, de los de toda la vida. De los que doblan concienzudamente las servilletas entre servicios porque es duro de oído. Vamos, sordo de coj… Un sirviente sordo. Un lujo. Oh lo que ha dicho, lo que he repetido. Eso no es políticamente correcto. La verdad no es correcta, ni política. Sea usted un falso. Un puto hipócrita socialmente aceptado. Políticamente correcto… A tomar por cul… A servidor le sirve un sirviente que saba servir servicialmente.
A través de una caracola marina se puede escuchar todo el sonido del mar, pero no se puede saber que mar se escucha a través de una caracola marina. Luego el sonido del mar, de cualquier mar, de todo mar, habita en una caracola marina, en cualquier caracola marina.
Bloom veía con delectación como todos los parroquianos reunidos en el Ormond y las camareras y Pat se pasaban la caracola para oír el sonido del mar que había en ella. El interior de la oreja, es decir el oído, tiene la misma forma que el interior de una caracola marina, pero no se podían pasar los respectivos oídos entre ellos como se pasaban la caracola marina.
Es interesantes constatar que la música, los sonidos musicales, las notas, dependen de la longitud de onda, del volumen, de la distancia, están en perfecta concordancia con la geometría, con las matemáticas, son geometría como son matemáticas. Y son puramente sexuales.
Y beben y beben y suena el piano. Y se caldea el ambiente. Sostenidos y bemoles, medios tonos actos para la percepción de un oído medio, popular. Para Ben Dollard, para Richie, para Padre Cowley, para el señor Bloom.
Molly siempre con su traje azafrán escotado con ribetes y los pechos turgentes, emergiendo, y los pezones duros como puntas aviesas, amenazantes, debajo. Y el hombre de los gemelos mirando las “gemelas” desde arriba en el teatro pura simetría, las gemelas.
Todos todavía todos en el Ormond, ignoro si en Dublín existe todavía supongo que sí los anglos irlandeses escoceses galeses cuidan bien esas cosas admiro con admirable admirada admiración.
Simon Dedalus, Dollard, Cowley, Pat el camarero, y el limpiabotas fisgón sin visillos. Están todos están.
El señor Bloom quería echar la carta al buzón de su amante pero pasar por donde la mujer que conoce a Molly vende su carne gastada es sentimentalmente complicado pese a que todo el mundo tiene que vivir, que sobrevivir aún a costa de malvivir.
12 Esto me gusta, está escrito en una clave más narrativa. Va de James Joyce que está, nada más y nada menos que con el viejo Troy, el poli municipal, en la esquina de Arbour Hill, cuando, de repente, un fumista o deshollinador que pasa distraído, por la calle, está a punto de sacarle un ojo con sus largas escobas de limpiar chimeneas. Aquí Joyce no se corta un pelo y afirma que le falta un tris para correrle a gorrazos. Joyce también se sincera y asegura seriamente que no bebe absolutamente nada entre tragos. Ni agua. Es, fue, era, claramente, abstemio ocasional. (Continuará)