(Cuando leer a Joyce es la “odisea”)
Manual de uso
(Siete)
Por: Miguel de Ungría
(Continuación 12)
Entonces Joe Hynes, colega de Joyce y él mismo se dirigen, charlando de cosas puede que insustanciales, a ver a otro colega al que llaman “el Ciudadano”.
En estas estamos cuando aparecen en la conversación las tierras del Venerable Michan en la bella Inisfail, que ha de ser algo así como un paraje inefable, donde habría un hermoso parque con su arroyo o su río o su lago, lleno a rebosar, el líquido elemento, en cualquiera de sus formas, de innumerables peces que me niego a enumerar, así mismo poblado por innumerables árboles que igualmente me niego a copiar, donde innumerables bellas sensuales doncellas se citan con el loable anhelo de ser cortejadas por arriscados expedicionarios que acometen expediciones con el solo fin de pretender cortejar a cuantas doncellas “cortejables” se les pongan a tiro. Hermosa saga de los tiempos míticos de la Irlanda que primero fue llamada Inis-na-ffidbadh, luego Crioch-na-ffuinedach y así Inis-Elga, Eri, Fodla, Banba, Inis-Fail, Muich-Inis, Scotia, Hibernia, Juvernia, Irin, Irlanda y Ogygia. Tierra donde, sin duda, los dioses tuvieron su asiento.
Y luego una nueva larga, larguísima enumeración fruto, sin duda maduro, de la abundancia de licor trasferido a su cuerpo, viajando libre, poéticamente hablando, claro está, de la botella o la jarra o la copa o el vaso a la boca al estómago a las venas a la sangre al cerebro saliendo al exterior a través de la mano en forma transustanciada de tinta para pluma o para primitivo bolígrafo sobre blanco papel.
Y cómo no parar en la taberna de Barney, cómo no cómo no cómo no… la taberna de Barney… la taberna de Barney Kiernan, por supuesto, la taberna donde, sí señoras y señores, está el Ciudadano y procuran reunirse todos sus compinches.
El Ciudadano se acompaña de un chucho, al que llama perro, pues se parece a los miembros de esa especie. No se preocupe señora, caballero, no se preocupe que no muerde… El jodido perro que no muerde hasta que el jodido sarnoso perro muerde, como tantos de los jodidos perros sarnosos que no muerden hasta que muerden. Garryowen se llama el jodido perro sarnoso. Y todo empieza a fluir con tres pintas, excluido el jodido perro.
Entonces, solo entonces, aparece la figura inefable del héroe inefable de inefable presencia que resume y compendia todas cuantas personas acudieron a la mente del poeta en ese momento de su narración. Parece clara una fuerte necesidad psicológica de enumeración y baste decir que dicha redicha enumeración ocupa una página entera. Prosigamos.
El momento mágico viene, a continuación, cuando Terry, a continuación: el camarero, a continuación trae las tres pintas y Joe el mago virtuoso saca una libra de su bolsillo mágico. ¡Oh una libra, en aquel tiempo feliz, una libra, mucha pasta! ¡Un soberano nada más y nada menos! Un soberano que te hacía, inmediatamente, parecer un soberano.
Y a beber que son dos días y la gente nace, crece y se muere constantemente sin motivo alguno, puede que por que se tenga que morir, y esto se puede constatar leyendo el Iris Independent, por ejemplo, como el ABC, mientras persisten guerras y paces, pueblos que emergen mientras otros se sumergen.
Y la taberna cobra nueva vida con los brindis y la claridad penetra en los rincones, antes obscuros y, con la claridad, con ella se puede ver a Bod Doran borracho, muy borracho, roncando sin recato y al pequeño Alf Bergan y al viejo Denis Breen y a su mujer pobre mujer persiguiendo al marido inclinado, digamos, al trago. Y el chucho asqueroso gruñendo amenazante a cuantos se le aproximan, hasta que el Ciudadano le pega una patada en las costillas. Es de risa tierna lo que dirán los amantes defensores de los derechos de los perros de esta descripción, a todas luces cruenta. Esos que maltratan sin mesura a las personas por el mero hecho de no ser de su misma opinión. A las personas sí, a los animales no.
Pero bueno, ellos, mientras tanto, piden otro trago, otra ronda de cerveza; otra birra, de esa cerveza negra que no hay “dios” que se la beba salvo si eres anglo o iris seguidor irredento de los mellizos Bungiveagh y Bungardilaun, señores del tonel de negra cerveza. O de la Guinness que seguro que la conocerán ustedes, pero que no es la única.
¡Oh Irlanda, bella Irlanda, olvidada entonces, entonces aún presa en las largas garras de su majestad!
Entonces Alf sacó un paquete de cartas escritas por verdugos. Sí, de los de verdad, de los ejecutores físicos, de los que tendían la soga, esa con nudo que se ciñe al cuello y apaga la luz de las estrellas que llevaban consigo como prueba indudable de su profesionalidad.
A continuación don James reproduce la escena donde Alf, tras haber sacado las cartas de los verdugos, afirma haber visto a Paddy Dignam con Willy Murray y Joe le tiene que desengañar al mismo tiempo que Bod Doran se pone al corriente de todo pues acaba de llegar de su sueño alcohólico.
Durante toda la página donde estamos ahora, la cuatrocientos y pico de mi versión, quiero decir de la versión que poseo y leo con interés, se recorre el camino espiritual, ya ajena al cuerpo que le dio cobijo, de toda alma que abandona dicho cuerpo que parasitó, para confluir en Cornelius Kelleher, amigo personal del finado señor Dignam y, a su vez, gerente del establecimiento funerario, de renombre en toda la ciudad, propiedad del señor H.J. O´Neill, responsable profesional del entierro.
(Un breve inciso: si cambiamos de posición la r y la g en vez de gerente obtendremos regente)
Por lo visto, al señor Dignam, atento como era de suyo, le dio tiempo, antes de finiquitar, de advertir a su hijo, hijo querido muy querido Patsy de que la bota que había estado buscando sin fortuna, con cierto nerviosismo rayano en la desesperación, estaba bajo la cómoda y que bastaría con que Cullen, el zapatero, le pusiera medias suelas. Todo un detalle por parte de un padre que, incluso en trance de morir, muere cumpliendo con su obligación de advertir de la situación de una bota perdida a su hijo, hijo querido muy querido. Ello sea dicho con todo respeto porque lo dijo Joyce, y yo mismo lo digo, en honor honra y ornato del mentado seños Dignam al cual el señor lo tenga en su seño… o en su coseno.
No podía ser de mejor manera que en este momento de tensión narrativa apareciese el señor Bloom atisbando, por el momento, sin atreverse todavía a entrar debido a su probable falta de efectivo, desde la puerta.
Y me va dando la impresión, por lo que cuenta el señor James, que el tal Bod Doran va a terminar siendo un sucio borracho y macarra de esos que no saben beber con pulcritud. Por lo que el camarero Terry, con igual nombre que el famoso brandy español de gran solera, atento como debería de estarlo cualquier buen camarero que se precie de serlo, le guiñó justo un ojo tranquilizador cuando empezaba a alborotarse, lo cual tuvo un inmediato efecto balsámico en el habitualmente colérico Doran. Era justo el momento en el que el borrachuzo impenitente tenía un arrebato de flacidez mental y comenzaba a derramar una pequeña parte del líquido ingerido por su boca, a través de sus ojos acuosos. Y es que el laboratorio al que llamamos cuerpo humano funciona perennemente mientras funciona. Física y química.
Majadero borracho el tal Doran del que me reservo lo de su mujer y su suegra, que lo cuenta Joyce y el que quiera saber más que lo lea.
Por fin llega Bloom, tras decidir entrar, y se le ve mosca con el chucho gruñón que está mosca con él. Preguntando por Martin Cunningham de forma usual responde de igual forma. Entonces Joe comienza a leer la carta de uno de los verdugos en la éste cual ofrece sus servicios a las autoridades, ufano de su habilidad para poner la soga en torno a un cuello de manera impecable. Por ello es normal que hablen de la pena capital. Incluso de lo que sucede cuando se aplica con soga pues al colgar de ella a un hombre se produce en su miembro un efecto tensor que es síntoma de la pasión sexual, un común denominador dominante que es propio de gran parte de la población masculina. Se trata de un fenómeno meramente físico, como explica con gran sabiduría el señor Bloom, fenómeno que está copiosamente estudiado y que da como resultado una excelente erección.
Y el Ciudadano con su tema candente de Irlanda y la nueva Irlanda, la futura pobre dividida Irlanda mientras al borracho Doran de la controvertida mujercita de la que no hablaré, le da por el sarnoso viejo perro gruñón, mientras casi se cae, no se cae, se cae, de su taburete a la par que el señor Bloom y el Ciudadano discuten de lo suyo.
Un brindis por los caídos. Por el Sinn Fein de todos los santos patricios irlandeses. (Continuará)