ULISES EN TIEMPO REAL

            (Cuando leer a Joyce es la “odisea”)

                             Manual de uso

                                     (Once)

Por: Miguel de Ungría

(Continua)

14

Bien, tratar de explicar el inicio de este capítulo es como tirar piedras al mar. Pero no teniendo yo un mar a mano me imagino que lo tengo y le tiro piedras mentales, piedras literarias hechas de palabras. Piedras planas que rozan la superficie del agua intelectual dando sucesivos botes, o rebotaduras, hasta que, finalmente, perdida su fuerza de impulso, se sumergen en el fondo olvido indiferencia fruto de su peso y densidad. Mi récord son siete.

          Eso sí, puedo decirle a usted, devoto lector, que “acumen” viene a ser algo así como agudeza, perspicacia o ingenio. “Lutulento”, sin embargo, significa fangoso, sucio, perfecta definición para un tipejo que babosea a España y a sus instituciones en estos desafortunados momentos, y cuyo nombre nefasto es Pedro Sánchez.

          De parir y de paritorios y de paridoras en la casa del emérito “doctor en licores” A. Horne va el debate en el inicio de este capítulo en el que el hombre de negro, todavía sucio su calzoncillo, Leopold Bloom, y otros tales, visitan a una parturienta.

          Y el eterno retorno a la nada a donde siempre se regresa, pues a ella se ha de regresar inapelablemente, es patente, más patente, cuando alguien nace, por mucho que creas en la inmortalidad del alma, e, incluso en la del cuerpo, que ya se anuncia como un advenimiento inminente.

          “Calculo con técnica que puedo” dijo el poeta, y puedo calcular que siempre se acabara muriendo de una de las infinitesimales formas de fenecer, porque, en resumen, la vida y la muerte van parejas caminando juntas juntas juntas. Puedes, mientras tanto, soñar sueños: con un paraíso o con huríes o tipos macizos o con lo que quiera que quieras querer engañarte, consolarte, resarcirte, soñar.

          Partiendo de la nada, de donde procedemos, a la nada iremos luego de ser haber sido espermatozoide en óvulo y feto.

          Y llegados de repente a debatir sobre la mesa redonda esa tan famosa de los anglos. La del rey inventando o no, como Shakespeare. Como si no hubiese existido más mesa que esa tan famosa mesa redonda que, de repente, en realidad, según profusos estudios desmitificadores y por tanto despreciados por las élites del mangoneo, era rectangular y ni siquiera oval o cuadrada.

          A ella, o a una su igual, se sientan dipsómanos escogidos como caballeros del bebercio, a beber a beber a beber: Dixon y Lynch, no el de la horca, pero puede que un familiar y Madden y Lenehan y Crotthers, y Stephen Punch Castello junto al ínclito, al inefable calzoncillos manchados, pero eso solo lo sabe él, el señor Bloom. Esperando, por supuesto, la llegada de Malachi, el inefable, puede que retenido muy probablemente en alguna escaramuza o reto o duelo en el paso de algún puente.

          He aquí a los caballeros, de momento, pues son variadas las listas plausibles que manejan los eruditos y la Wikipedia sobre la corte del rey Artus y la de Joyce. En fin los que se reunían, se reunieron en torno a la mesa redonda que era rectangular.

          Y curiosamente todos caballeros machos varones hombres hablan de parir y de hacerlo con dolor, que siempre fue con dolor antes de la epidural.

          Ya entonces y siempre los comentarios derivaban hacia la política, en un rompeolas poético, tocando en la desgobernanza de las naciones y en el imperio de las leyes infames y de los infames políticos y jueces, esos diosecillos bastardos hijos de copulaciones nefandas paridos abortos de la concha justicia humana y por tanto vil. Y el pueblo, residuo de bajezas, aplaudiendo con las orejas.

          Y la decisión más cruel en caso de infortunio: ha de morir el niño o la madre a de morir. He aquí el dilema: ser madre o ser hijo. Mal trago quien lo haya de dirimir.

          Mientras, los brindis se suceden y en la ebriedad está también Dios y todos sus santos, sobre todo Pedro pues a partir de él surgió el pontificado que no es otra cosa que portar las llaves, llaves que abren y cierran las bocas y las encíclicas. (El Papa, el primer Papa ahora justo ahora, justo hoy que entierran a Francisco, como Franco. El último Papa, el Papa argentino, el Papa número doscientos sesenta y seis de la Católica Iglesia. Mira qué, ser argentino y Papa tiene su guasa.) Aunque la ideología católica se le daba a Pablo, P y P, el PP de la iglesia como el PP de la política española y hasta del P y SOE, todo siglas falsas, de los social comunistas destructores de patrias: Todo empieza por P ¿qué tendrá la P?

          He de mencionarlo, pues Joyce tenía fijación respecto a ellas: a la religión, concretamente a la católica, la de la fe y a la religión de la botella. En ambas se maneja el vino con suma maestría e importancia. Léase transustanciación e ingesta o libación.

          Ahora toca fe, no hay fe sin María, la Madre, la Encarnación, la Mediadora, el origen de la vida, y cerveza.

          “Recita la oración Joyce, recita la oración y no pienses más” cantaba don Santiago Auserón… poco más o menos cantaba… la canción del pagano y del blasfemo, del putero y del tahúr y el embustero.

          Del orate al sabio y al maestro del libro sagrado que es ley de las tres religiones. Recita la oración del himeneo, de la cama nupcial, de la desfloración, de los juegos amatorios y de las sabias fulanas virtuosas que conocen todos los cielos posibles.

          Recita la oración de Zaratustra, el santo hindú que nunca predicó como lo hizo Nietzsche.

          Vayamos por partes: el ciclo de la vida, en este caso, humano, es evidente: nacer, crecer, menguar, morir.

          Punch Costello cantó y Maestre Lynch, no el de la maroma con el nudo corredizo no gordiano, sino puede que un primo o un pariente más lejano, le pidió mesura por lo que no halló mejor forma de mesurarse que sumirse en su cerveza, la cerveza, su cerveza, siendo seguido, con entusiasmo en tan noble acto, por Maestre Lenehan y Maestre Madden y Maestre Bloom que apuntó, muy oportunamente, que lo que oían producirse en el exterior, al parecer confuso tronar, era un trueno.

          Estaban, por cierto, en el ínterin, hablando de la tierra prometida, y del camino virtuoso para llegar a ella y como, en dicho camino, a veces puede encontrarse uno alguna puta muy caliente y capaz, por lo que podrías desviarte inexorablemente de la senda feliz, y dicen dijeron decían que dicha dama se llamaba Pájaro-en-Mano o puede que Métemela toda oda oda. Mera concupiscencia.

          Era el deseo feroz, como el lobo, siempre presente, merodeando por las mentesalmascuerpos hasta lograr ser saciada su insaciabilidad insaciablemente insaciable conturbada.

          Era por entonces un jueves dieciséis de junio de mil novecientos cuatro cuando Patk. Dignam estiró la patk y llovió tras meses de sequía. Por fin. Más dura será la sequía.

          Y mientras llueve y cada uno se moja como puede Mulligan y Bannon, mejor Bannon y Mulligan, sonaría mejor en caso de fundar, ellos dos, un bufete de abogados. Sustituyamos la b por una h y tendremos el resultado fatal de una verdadera tormenta, ahora ciclogénesis explosiva, dana o lo que sea que sea lo que es llover torrencialmente de toda la vida a pesar del cambio climático.

          Cambiar los nombres a las cosas, a los fenómenos atmosféricos en este caso, siempre mejor que cambiar las cosas a mejor en todos los posibles… casos.

          Al grano: están en la taberna de Andrew Horne donde ya están todos los que casi siempre están y cuyos nombres no repetiré por pereza dactilar. Y Madama Purefoy ya va por el noveno retoño. Como el ciego que vivía en el “novenove”

“Saben aquel que diu” que diría Eugenio.

Deja un comentario