(Cuando leer a Joyce es la “odisea”)
Manual de uso
(Doce)
Por: Miguel de Ungría
(Continua 14)
Frank Lenehan, según afirma Joyce: “era una suerte de joven caballero burlón…” Entendía de mujeres, de caballos y de escándalos sabrosos, era un conspicuo trasnochador, además de un habitual visitador de cafés y tabernas donde solía alternar con todo tipo de ilustres pícaros, de diverso pelaje y condición, en suma, con la fauna típica de la noche en cualquier ciudad que se precie. Era corto de fortuna, por lo que resultaba ser un habitual degustador de las comidas de sobras o de ocasión, pero era por demás largo de lengua y sumamente desenvuelto en relaciones. En esta ocasión habla con Costello y la conversación gira sobre el peliagudo sacrificio de las vacas enfermas de Kerry (el ganadero) por la cruel epidemia desatada en la zona. Toman anchoas en lata.
Frank había sido ya, en su corta vida, muchas cosas, entre ellas aprendiz de vinatero en casa de un tratante de vinos franceses por lo que hablaba algo de francés. Iba y venía aún, de la casa de su padre, un aseado alcalde de barrio, a los caminos y a los tugurios.
Como decíamos, hablan, y entonces Leopold Bloom insiste en el tema vacuno dudando si se realizará el sacrificio legal y necesario o, finalmente, las vacas serán embarcadas hacia Liverpool, según algunos afirman con poca fe en el cumplimiento de las leyes, y parece que él sabe de lo que habla pues en el pasado se dedicó al comercio de ganado vivo.
Difieren en el origen de la posible enfermedad que aqueja al vacuno ganado, si será fiebre aftosa, o el hipo de la glositis bovina, o la glosopeda. Se aventura el origen del mal como posiblemente chino, igual que el virus recientemente padecido en medio mundo, el llamado coronavirus o COVID-19, que se ha llevado por delante a miles y miles de personas y la poca confianza que quedaba en las autoridades que nos mangonean con patente desprecio.
El señor Stephen también difiere. Hablan el señor Vincent y el señor Dixon, rememoran al famoso toro llamado Irlandés, de nombre, no necesariamente de procedencia, toro manso y cojonudo, (Nada que ver con el toro, el miura Islero, que mató a Manolete, pues esa tragedia sería años más tarde como todo buen antitaurino debería saber.) criado por el ganadero Nicholas y dedicado a la procreación, al parecer con gran éxito. Hablan también de su relación con Lord Harry, bella e ilustrativa historia que termina con un viaje a la América feliz, curiosamente lo mismo mismito mismo que sucede en la actualidad con éste otro príncipe Harry y su aventura americana.
Es entonces cuando aparece el gran Malachi, Malachi Mulligan, acompañado por Alec Bannon, joven recién llegado del interior, se supone que de la misma Irlanda; en fin, venido de algún sitio a la capital para ser en ella militar y a la guerra marchar.
Malachi declara su firme propósito de curar a las vacas de su enfermedad mediante una fórmula revolucionaria y también de preñarlas, a continuación, sin demora, para ello anuncia la intención de darse a conocer entre las masas mediante la difusión de unas hermosas tarjetas impresas por el reputado impresor señor Quinnell, en las que se presenta, Malachi, como “fertilizador e incubador”, seminalmente hablando, claro.
El señor Dixon, muy interesado en el proyecto, les pide que se sienten a la mesa redonda cuadrada rectangular con el personal presente y es, entonces, cuando Mulligan Malachi se explica… Pero eso mejor léalo en la página quinientas setenta y cinco, párrafo siete y siguientes, lo cual redundará, sin duda alguna para usted, en un gran beneficio moral definitivo y en el impulso subsiguiente de su formación intelectual, susceptible siempre de perfeccionamiento, aunque ello no origine, mecesariamente, ninguna mejora adicional en su condición humana… que es la que es y seguirá siendo. Siento decirles, claramente, que todo no se puede tener, aunque sí desear.
Aquí aparece un rubio estudiante escocés, (y no he podido dejar de recordar la copla famosa y preciosa, intitulada “Tatuaje”, de los maestros Rafael de León y Manuel Quiroga: “Era hermoso y rubio como la cerveza, el pecho tatuado con un corazón…” que haría inmensamente popular doña Concha Piquer, la gran dama de la inigualable copla española, le pese a quien le pese, y de los baúles. Pues entonces los viajeros de postín lo hacían, viajar, con baúles y no como ahora con una “mochililla tipo”, en Rayair.) que escucha con atención lo que se comenta mientras pide de beber cerveza y luego se explaya un tanto hablando de la moza que poseyó su joven corazón, si o no, tatuado, pasando a divagar, sin solución de continuidad, es decir, de repente, glosando las virtudes que se le suponen a una buena capa de recia lana para defenderse de la peor de las lluvias, siendo Monsieur Lynch, no el del árbol del ahorcado, contrario a tal predilección, poniendo por encima, muy por encima, nunca mejor dicho, a un buen paraguas.
Entre tan jocosa asamblea, desbordante de gracia y dinamismo intelectual, dueños ya a esa hora de un ingenio insuperable, fruto del fruto de cebada y uva, surgió, cuál sirena salida de las aguas, la señorita Callan que, entrando en la sala con gran donaire y un sonoro “fru fru” de su vestido al caminar, dio un mensaje en voz baja al oído, derecho, del joven Dixon, retirándose a continuación entre miradas de confusa admiración de los circundantes, tras profusa e inmejorable reverencia que mereció un “olé”, aunque no se especifica si emitido en gaélico o en andaluz.
A continuación se produce una efusiva perorata donde
se mezclan “churras con merinas”. Me explico. Quiero decir que entonces Joyce comenta como hay partos que se producen de diversas formas, más o menos convulsas mencionando con gran sapiencia dolencias congénitas diversas, incluso con ¿hermanos siameses? Mientras el relato de Malaquías, el de las profecías, que sale a colación… porque, indudablemente, las profecías siempre han sido fruto deleitoso de sesudos controvertidos comentarios… atemoriza a algunos de los presentes, (como ahora justo ahora con el advenimiento hipotético posible probable del Papa negro a la muerte del Papa blanco Francisco) pero no atemoriza en absoluto al señor Bloom que tiene ensoñaciones retrospectivas donde regresa mentalmente a un pasado que, en verdad, no ha de tornar.
Y la cosa, en estas densas y vívidas páginas, se vuelve melodramática y algo pretenciosa y tal vez incluso un poco rimbombante, en mi modesta opinión.
Opinión opinante opinativa la mía ía ía, delirio de la pluma desmadrada del señor Joyce, mister James.
De repente aparecen mencionados los griegos de la Grecia clásica, siempre un recurso tan recurrente como indicativo de que uno tiene su culturita. Pero ahí están: (“ahí está, ahí está, viendo pasar el tiempo…la puerta de Alcalá…”)
Stephen y Vincent y Lenehan comentan las últimas carreras de caballos y ved aquí como las apuestas eran, y son, parte indisociable de la sociedad isleña y como Madden había perdido cinco, libras supongo, al caballo equivocado supongo: Cetro, el caballo equivocado aunque sea yegua, (porque las carreras de equinos se denominan “carreras de caballos” aunque participen yeguas, hasta que la tipa esa que farfulla, cuando intenta hablar, sí, sí, la que se lo lleva crudo ahora en Europa, introduzca el “caballes y caballas”, démosla tiempo.) porque apareció Por Ahí, que se llamaba así, que no era el favorito, el caballo, y demostró su clase, siendo montado pro W. Lane Jokey ganador de ganadores. Por aquel tiempo jokey de jokeys.
Brindemos con una Bass Número Uno, embotellada sutilmente por los señores Bass y compañía en Burton-on-Trent, mientras debatimos sobre todo lo debatible pues beber y parlar es todo empezar y la sala de la taberna de Horne era un óptimo lugar para una asamblea tan enciclopédica como aquella aquel bendito día. Como no serlo, si estaba Crotthers frente al señor Lynch, no el de la horca del salvaje Oeste, y junto a él el señor Costello el excéntrico (sin Abbot) y el rechoncho Madden con Bannon vestido de explorador como el añorado Capitán Tan amigo de Josefina que era igual que una sardina, con el tío Aquiles y el Locomotoro, y los hermanos Malasombra… que tiempos los de los Chiripitifláuticos.
Tras este regreso a la prehistoria de la televisión en España es preciso mencionar a Malachi Rolant St. John Mulligan y al señor S. Dedalus así como al prota gonista señor L. Bloom. Mas pienso ahorrarme, me ahorro, la enumeración prolija de embriologistas y el debate suscitado a colación donde se observa una discrepancia palpable al afirmarse, demasiado alegremente, a mi modo de entender, que: “todos hemos nacido del mismo modo pero todos morimos de distintos modos”. Yo habría en todo caso dicho que todos nacemos por un orificio similar…lo demás es algo más complejo.
Mulligan Malachi culpa al smod famoso, no sin razón, de muchas de las más graves dolencias de aquel tiempo difícil.