(Cuando leer a Joyce es la “odisea”)
Manual de uso
Por: Miguel de Ungría
(Trece)
(Continua)
Estamos en la página quinientas noventa y cuatro y seguimos.
“Conviene hacer constar aquí y ahora en el comienzo…” Así comienza este párrafo en el que según el canon vigente, se hubiese debido entrecomillar “aquí y ahora”, pero la libertad de escritura ha de ser como la de cátedra y me voy dando cuenta de que ciertos escrúpulos gramaticales, ortográficos, sintácticos, u otros, tienen su origen en la necesidad de los listos de la palabra, los técnicos y catedráticos áticos áticos áticos, de ir poniendo y quitando reglas, al estilo político, que luego cambian, según la moda del tiempo, porque esa es su manera de ganarse el pan y la sal.
Joyce afirma aquí que el señor Dedalus es un “pervertido trascendentalista”. Al mismo tiempo que indica como la ciencia trata “de fenómenos tangibles” cosa en la que no estoy de acuerdo aunque eso no importa absolutamente nada.
La preocupación por la determinación del sexo, lo del género es otra cosa, ya era tema de debate en aquel tiempo. Ahora un tipo o una tipa o un tipe van a un juzgado español diciendo que son una vaca o un toro y pasan a recibir tratamiento y subvenciones como tales.
La gilipollez no tiene medida de sí misma cuando confluye con la política y el dinero en su memo intento de contentar a todes en todus porque sí, queridos gorrioncillos protoprogres. Detrás de todo ello elle está, siempre latente, el puto dinero, esto es “asín” si debemos dar por bueno el severo juicio del gran sabio y profeta Empédocles de Trinacria.
Ah la calipedia, amigos, la calipedia, esa sería la solución a la aberrante locura de los géneros difusos ilusos inconclusos obtusos confusos profusos fusos sos. Socorro. La calipedia, hermoso sueño que, como todo, está sometido, según el señor V. Lynch, no el de la horca, el otro, a una ley de numeración no enumerada todavía.
Hay pecados, bueno, ahora, en el lenguaje progre que impera sería “percepciones pecadoras” que permanecen en lo profundo del corazón y que de vez en cuando nos asaltan de nuevo como la hacienda pública nos asalta de continuo.
En este momento el señor James se pone filosófico: “El fin llega de repente”, y sí y no, porque Quevedo, el gran genio incomprendido, pensó que vivir es morir instante tras instante, momento a momento, y “lo que llamamos morir es acabar de morir” dijo sabiamente. Lo que llamamos vida es pues, en realidad, muerte suspendida, dilatada.
Pero en esta tabla redonda dipsomaniaca que es rectangular están todos casi todos reunidos y “burla burlando en la página seiscientos estamos entrando”.
Mañana seguiré pero ahora me he cambiado de libro y esto os lo cuento sin importar si ha de interesaros o no.
Leo a Knut Hamsun, premio Nobel y gran escritor, no sé si igual persona pero no muy diferente a tantos otros creadores, el cual fue ya denostado en vida, como creo que lo es en la actualidad, por su seguidismo, al menos temporal, del criminal Hitler. Da igual porque él ya no puede hacer ni bien ni mal pero su genio literario perdura, y leyendo, que es gerundio, en su “Trilogía del Vagabundo”, al principio del tercer libro dice que Nietzsche podría haber dicho: “La última palabra que dirigí a los hombres logró su aprobación, los hombres asistieron con la cabeza. Fue mi última palabra, me marche a los bosques. Porque entonces comprendí que había dicho algo deshonesto o algo estúpido…” Y ello me lleva a pensar que en verdad el crédito y la aceptación que buscamos en la aprobación de los demás es nada y menos que nada.
Retomando aquí el proceloso asunto del pecado, tan presente en una mente de formación católica y dipsómana al mismo tiempo, asistimos a una profunda confesión de míster James que nos descubre una parte de su pensamiento cuando afirma que: “Hay pecados o malos recuerdos que el hombre oculta en los lugares más sombríos del corazón, pero que permanecen allí aguardando”.
Turbamulta del bebercio. Compañía de los ebrios. Desfile de los báquicos irlandeses. Desenfreno de la libación impenitente.
¿Pero aquí quién paga?
Desparrame, diarrea dinámica dialéctica diletante “dileterativa”. ¿Cuánto has tomado hoy? Copas y tetas, borracho y salido. Lo de siempre. Desparrame ¡Que mierda lleva el tío! Él mismo lo afirma y lo confirma cuando lo firma con su pluma hecha con tinta de licores sin mesura. Y creo que son las diez, vamos las veintidós horas de aquel día. El día.
15 Es hora de ir al barrio de los burdeles, por la calle Mabbot, la de “hileras de mugrientas casas con puertas entreabiertas” … como expectantes piernas…
Escena espeluznante, no apta para la sensibilidad de mierda actual que todo lo fía a la forma mientras viola el fondo: lo políticamente correcto, la mentira, el obsceno fingimiento, nada más terrible ni más sensiblero, ni más inmoral.
“El idiota sordomudo -dice Joyce- de ojos saltones, babeante la informe boca, pasa en sacudidas, agitado por el baile de San Vito…”. Y no sigo, siga usted, no sea cobarde siga siga. Descubra que la crueldad también existe, como Teruel, como los trepas que viven de él… de Teruel. Que no es un juego vivir de un lema aunque lo jueguen niños adultos adúlteros adulterados, los seres más crueles del universo…los niños.
Es una escena que me recuerda a otra escena que yo vi, una noche, hace muchos años, puede que como hoy, en un barrio de Madrid. Barrio de yonkis, sombras vagando en la noche, espectros en busca de su fin.
CISSY CAFFREY canta, aguda, desde un callejón:
“Se la di a Molly
porque era tan guapa
la pata del pato,
la pata del pato”.
El soldado Carr y el soldado Compton se tiran pedos con olor a licor de alta graduación. Alguien se ríe… siempre hay alguien que se ríe de los pedos y alguien farfulla una maldición… siempre hay alguien que maldice los pedos ajenos.
CISSY CAFFREY canta:
“Se la di a Nelly
se la meta en la panza…”
Stephen Dedalus y Lynch, puede que algún primo lejano del de la soga, pasan cerca de los soldados pedorros de rojas casacas y pelo rubio cobrizo. La vieja alcahueta, eterna Celestina de todos los barrios “putíferos” del mundo, tiende a ellos su garra procelosa.
Diálogo, por fin, en este texto que ahora torna teatro y donde Shakespeare manda como un rey entre reyes. El primero entre iguales. Primus inter pares.
Descripción fastuosa del ambiente infernal del suburbio dublinés. Allí el moco del peón ebrio disparado por el cañón agujero nasal. Allí la niebla sucia del río y el hedor de los sumideros corrompidos, el de los pozos negros abisales y el de la negra basura apilada por la miseria que todo lo invade inmisericorde en su más absoluta desidia.
Y por allí, como un explorador inexorable de la miseria humana, bajo el negro puente del negro ferrocarril, en medio de la negra noche, aparece Bloom comiendo “fish and chips”. Lo que viene siendo pescado con patatas, una de las grandes aportaciones culinarias británicas, junto con el té, canturreando entre bocados: “Londres se quema, Londres se quema, al fuego, al fuego” … London´s burning, London´s burning… estando a punto de ser atropellado por el tranvía cuyo conductor, iracundo, le maldice.
(Que tiempos felices cuando estudié inglés con aquella escocesa libre, aquella sabia mujer llamada Frances Kennedy.)
Oh la importancia de caminar por la derecha en las calles concurridas. (en las carreteras por la izquierda, cosa que ya, ni se sabe ni se hace, signo inequívoco de la ignorancia despreciativa que asola a la sociedad)
Paso yo, pasa usted, ni yo ni usted, amagos izquierda derecha. Guarde su derecha pollito, guarde su derecha.
Cuidado con los carteristas, las leyes les protegen en este país tan progre, ellos no guardan la derecha sino que procuran usarla tanto como procuran chocar y tras el choque ¿dónde está la cartera, el celular, el reloj o la cadena? ¿Dónde dónde dónde? El bolsillo de ése que se esconde.
Bloom lleva consigo un pata de cerdo estofada y otra de carnero, aderezadas y frías, aunque recién compradas puede que para que su querida Molly pechugona Molly desayune “píparamente”.
La noche, los barrios de la mala fama, las putas pajilleras del restregón, los chulos indecentes y alevosos, los borrachos discordantes y la señora Breen, conseguidora de guardia.
Es absurdo llevar una pata de cerdo y otra de carnero aunque tu mujer sea pechugona, aunque estén cocinadas y frías y listas para un opíparo desayuno.
Es absurdo cuando se va de putas, es más lógico echárselas a los perros que vagan por las calles. Bloom protector de los animales. Alimentador circunstancial de infectos chuchos urbanos.
Ha sido una alucinación momentánea comprar patas a estas horas. ¡Aaaaa… así es la vida!
Diálogos confusos, interpolaciones, teatro del absurdo, ficción dramática sin drama pero con todo el peso del dramavida. ¡Orden en la sala!