LA PIEL

           La Crueldad  Literaria De Curzio Malaparte

Por: Luis de Valdeavellano

Voy a hablar en esta ocasión de un libro que no recomiendo. Pero no porque sea un mal libro, si es que alguno lo es en absoluto, sino porque es tan duro que no quiero hacerme responsable si alguien, siguiendo mi consejo, se expone a leerlo y sufre las consecuencias de su lectura.

          La Piel es un libro bellamente terrible. O terriblemente bello. Tan imponente como crudo, tan impresionante como sombrío. Hecho para mortificar con saña literaria. Difícil de leer por ello, por el relato descarnado de las consecuencias de la guerra, de los desmanes de la guerra, de los ultrajes de la guerra, de la amargura de la guerra. Las secuelas terribles de la guerra, las heridas como llagas en el cuerpo y en el alma del pueblo llano, que siempre es el que las sufre en mayor grado. Cuando se gana y cuando se pierde.

          Lo escribió Curzio Malaparte durante los últimos años de la segunda guerra mundial, aproximadamente entre los años 1944/45, cuando las tropas americanas habían desembarcado en las costas napolitanas y Malaparte formaba en las filas del ejército italiano, escindido del de Mussolini, ejerciendo como oficial de enlace, con el grado de capitán, en su condición de experto en idiomas como el inglés, el francés o el alemán, por supuesto además del italiano.

          La controvertida trayectoria política de este gran escritor no es objeto de esta pequeña semblanza de su libro, en la que sí cabe decir sobre su persona que su pensamiento político viró desde el fascismo al comunismo de los últimos años, pasando por todos los ismos, en un vaivén tan complejo como continuo, motivado no sé por qué, si por su propia complejidad como hombre culto y diletante o por sus múltiples intereses públicos y materiales en medio de un momento histórico arrebatador.

          Ni soy experto en ello ni lo pretendo. En esta ocasión solo me interesa el libro, este libro, uno de los más duros y de difícil digestión a cuya lectura me he enfrentado en mucho tiempo.

          Escrito con una maestría poética indudable -lo que le confiere todavía una mayor crudeza y dramatismo moral- el cinismo amargo, la irreverencia, el sarcasmo y una contumelia (humillación) ofensiva latente, contra casi todo lo que sus ojos ven, o su mente imagina, se apoderan de sus páginas llevándolas por un camino, por momentos, tenebroso.

          En él queda expuesta toda la crudeza de la guerra y de la paz subsiguiente, estampada a fuego en su consecuencia impresionante de máxima degradación, de pérdida de todo valor moral, de eclosión de toda corrupción y depravación con mera vocación de supervivencia, de pura subsistencia, poniendo a los humanos, marionetas carnales, en una infernal realidad sin escapatoria, a la altura, iba a decir de las ratas, pero tal vez habría que decir que de nosotros mismos.

                    LA PIEL

Dura, pegada al cuerpo la derrota,

Como costra maldita y maloliente,

Así es la nueva piel del liberado

Que sufre en su carne tan hiriente

Adherencia, cual polvo envenenado.

Roto el vínculo con el amor propio,

La dignidad arrojada al sucio fango,

Solo queda sobrevivir en el oprobio

Fingiendo alegría donde solo hay llanto.

El hambre, la soledad y el desamparo

Se apoderan de la vida y de la muerte

Donde la humanidad es cosa inerte,

Roto el espejo donde ya no mirarse

Por no verse muerto, aún caminante.

Puro rictus podrido, puro asco

Es ser un desecho de sí mismo.

Morir es mejor que ser cautivo

De tal bajeda vendida al desespero.

Vale

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