Por: L.M.C.
La noche despliega sus alas largas
Dislocadas, hechas de muselina y satén.
Las luces turbias de las esquinas
Son la tosca coartada para la exhibición
De carnes marchitas, que se revelan,
Tercas, contra lo que ya no es.
Inevitables se manifiestan las arrugas
Maldecidas a pesar del camuflaje
De cremas, sin convicción, dispensadas.
Por los bares de moda y los antros ambiguos
Gentes de rostro indiferente
Persiguen los perfiles lentos de las sombras,
El contoneo del deseo siempre latente.
Hay sexo, drogas y rock and roll,
Ahora puede que bachata y reguetón,
En el dudoso ambiente de los bares.
Vienen y van los grupos, equívocos cerrados
Que se abrirán acaso de manera oportuna
Cuando la oportunidad incierta del momento
Les brinde la ocasión.
La soledad, asentada en el alma,
Turbia de penumbra, mendiga compañía.
Poco importa la vil realidad dejada atrás,
La vida anodina y pueril, cuando vistieron,
Ilusos, el desenvuelto traje de la fiesta.
Para la noche del desenfreno
Olvidaron del todo la vergüenza
Y el miedo a no estar a la altura
Si se presenta la oportunidad.
La deshabitada casa de la frialdad,
La buena vida vencida al desamor,
La economía que se desmorona.
Todo se olvida, todo se orilla en la noche
Y se ahoga en alcohol, en el jolgorio
Efímero, cual lirio de día, que morirá,
Que ha de morir la próxima mañana.
Todo es mentira y todo es verdad
En medio del frenesí y de la algarabía,
En las miradas que, furtivas, se encuentran,
En el deseo transformado en lascivia
Con el paso lujurioso de las horas.
Es un juego oscuro de intenciones
Veladas, pero no demasiado,
Y, según la noche avance,
Según el buen mareo de la embriaguez
Les turbe la razón
Nuevas parejas definirán su rumbo,
El pudor perdido en sorteo azaroso,
En la rifa barata que premia castigando
Con lujuria procaz y final desapego.