(Título y primer verso tomados del libro de Horace McCoy, del mismo nombre.)
Por: L.M.C.
¿Acaso no matan a los caballos?
¿Y por qué no han de morir personas?
Es un acto de piedad.
Siempre ha sido así.
Todos los muertos son indiferentes
Para la mayoría,
Solo cuentan los propios.
Los más cercanos por cualquier causa,
Por familiaridad o por amistad,
O por afinidad o por empatía.
Los otros no importan tanto
O no importan nada.
Según sea el odio o el interés
Se puede agradecer su muerte
Como una necesidad,
Como una consolación,
Como una celebración.
Y se quiere creer que es la parca igualadora,
La guadaña que siega a todos por igual,
Porque siempre se quiere creer algo.
Falsa ilusión, torpe mentira,
Ni la muerte iguala nada
Ni la vida se complace con la muerte,
Pero se complementan,
Pues son, íntimamente, necesarias.
Todo es absurdo e injusto,
Pero lógico y perfecto,
Porque la vida es eso,
Pura lotería cósmica.