Por: L.M.C.
De los oficios creados
por el discurrir humano,
yo aquí bien lo declaro,
el más nimio y excusado
es el ser poeta o escaldo.
No hay en ello titubeo
ni pasión ni menoscabo:
mirad acaso al doctor,
al maestro, al policía,
al bombero y hasta al juez,
al labrador en el campo
con sus típicos aperos,
al pescador con su red,
al constructor y al granjero
o a cualquier buen artesano.
De todos podéis inferir
su bondad sin artificio,
la dignidad de su cargo.
Los más y los menos buenos,
los más altos, los más bajos,
todos ellos necesarios,
preciados, beneficiosos
para el cotidiano trato,
y no encontraréis ninguno
de menos utilidad
que el de ser un pobre bardo.
Y, sin embargo, asevero,
con máxima claridad,
con voz alta lo proclamo
que solo en su verso está
todo aquello que soñamos,
lo que podremos, o no, ser,
como también lo que amamos
y mediante su verbo cabal
lo podemos entender,
lo cual nos hace más humanos.