EL PROTOPROGRE, UNA FIGURA DE ACTUALIDAD

Este artículo fue publicado en el periódico digital «La Comunidad de Info» en 2012

Por: Luis de Valdeavellano

                                      

En estos tiempos de miseria política, ética e intelectual, hay una figura que me parece tan sugerente que he tenido que formar una palabra para intentar describirla con la mayor precisión posible, lo cual supone, por cierto, una arrogancia incalificable.

          Se me ha acusado en algún foro del terrible delito de formar palabras nuevas aconsejándome, con bondadosa intención, que conozca y use primero correctamente las ya inventadas, como si el lenguaje fuese algo inamovible, y como si solo los lingüistas pudiesen realizar estos actos, subversivos cuando los acomete un iletrado insolvente como yo.

          Pero los “listos” de turno olvidan que el lenguaje lo reinventan, a menudo, gentes de la calle, personas anónimas que, en la mayoría de los casos, no pretenden modificar nada, simplemente hacen del idioma algo espontáneo, móvil, dinámico y sujeto a cambios por mor de su utilidad práctica, y que, luego, los técnicos de la lengua se buscan la vida para formalizar y justificar, de la mejor manera, la existencia y procedencia de dichas palabras. Es mi caso, ni soy lingüista ni lo pretendo, pero considero, partiendo de la premisa de que el idioma es algo vivo, y por tanto sometido a un proceso vital que incluye cambios y variaciones, que estoy en mi derecho de intentar nombrar lo que deseo nombrar, de la forma que estime conveniente hacerlo. Las normas y leyes de la lingüística se las dejo a los sabios del idioma con placer, y a los listillos con suspicacia.

Pues bien, yendo al grano, el vocablo “protoprogre” está formado por el elemento “proto” que indica preeminencia, prioridad, superioridad, y el termino progresista, acortado al uso común y resumido en “progre”, que es aquella persona partidaria del progreso social y político, habiendo sido adoptada, dicha palabra, por las personas que se consideran de izquierdas en su deseo de distinguirse del conjunto de los ciudadanos, y que ha dado lugar a progresismo, progresía y otros. Y unidos así, bien juntos, significan: el que es primero entre los progres, el más progre de los progres,  como  si dijéramos, el adalid de la progresía.

Es, por tanto, bien sabido que los que se consideran así mismos amigos del progreso, aunque sea en abstracto, se llaman progres y lo suelen usar en oposición a otros como “conservador”, “facha”, “carca”, y en los foros “troll”. Con tan cariñosos apelativos etiquetan nuestros delicados “protoprogres” a todos aquellos que tienen la ocurrencia de disentir del apostolado ideológico, que seres tan sensibles como ellos plantean como verdad absoluta e irrenunciable.

Si la ideología imperante, de usar y tirar, dicta que hay que salir a la calle a protestar porque el sol sale muy tarde, por ejemplo, el que no quiere salir y no sale, o el que tiene la ocurrencia de protestar por las molestias sufridas por dichos protestantes es un “facha” o un “troll”, que tanto monta…

Hablaré más veces, en el futuro, de la figura del “protoprogre”, humano con una especie de personalidad desdoblada que, a menudo, me enternece, pero sin dejar por ello de considerarle peligrosísimo para la sociedad en la que procura ejercer su supuesta superioridad moral o, y, ética. Pues éste ser, imbuido en ideas vitales maravillosas impregna sus actos, sobre todo los verbales, llenos de verborrea faltona, de un presunto halo de verdad absoluta que los convierte en indiscutibles: es más amante de los animales que nadie, el más ecologista,  más igualitario que ninguno, más amigo de los pobres que un santo, el más resabiado enemigo de todos los que destacan, sobre todo económicamente, en suma, es el paradigma de la bondad sobre la tierra; la consumación, hecha carne con ojos, de un tipo de muy buenas palabras y actos muy deplorables, eso sí, justificados, porque, para los “protoprogres” el fin justifica los medios.

Su visión de la democracia es por cierto, funcional, pues mientras acusa a los demás de fascistas o de sucesores del franquismo, jamás criticará a dictadores vivos como los Castro, ni a golpistas devenidos en presidentes populistas como Chavez, ni a dictaduras crueles en manos de terribles asesinos, como en Corea del Norte o en China, a las que justificará sin pudor alguno, catalogándolas incluso de paraísos de las libertades.  En su cerrado mundo ideológico solo caben dos posturas: o eres de los míos, y comulgas con mi ideología por adocenada y sectaria que esta sea, o eres un “fachorrón” de mucho cuidado. No hay tercera vía, ni matices ni gama,  no hay posibilidad alguna para los que no estén, ni se crean, en ninguno de tan arbitrarios y parciales ámbitos. El “protoprogre” es un totalitario travestido de moderno. Un peligroso talibán de izquierdas revestido del “buenismo” que nos legó san Zapatero, patrón de los iluminados.

                                      Vale.

Posdata: Este artículo, pese a que fue publicado hace ya largos años creo que sigue plenamente vigente. En estos días, aciagos para el prestigio general de nuestro país gracias al gobierno que nos desgobierna, los progres siguen excusando las vilezas que se cometen un día sí y otro también en base al clásico “tú más”. La mayor de las infamias hecha justificación.

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