TRAS RELEER A LEÓN

Por: L.M.C.

No soy de nadie, de nadie,

ni de unos ni de otros.

Todos me son muy remotos

desconocidos e ignotos.

Por ello mi sitio es éste:

solo, distante y ausente,

contemplando el devenir

de la farsa,

al margen, indiferente…

Oh sí, viendo como al lado

pasa, medrosa, la gente

y viendo como se corrompe

sin decencia o dignidad,

por el ansia de dinero,

por la turbia vanidad,

por la prostituta fama

que conduce al vil exceso.

Pero yo no soy de nadie,

de nadie, lo manifiesto:

ni de unos, ni de otros,

quiero decirlo bien fuerte,

que quede aquí, alto y claro.

Para que sea evidente

reniego de todo y todos

y desde aquí lo repito,

sin vergüenza y sin reparo,

sin escrúpulo ni encono.

Niego cualquier relación

y cualquier coincidencia

que no sea pasajera,

pues el camino es mi meta,

y no admite compañía,

ni quiere complicidad

ni odiosa ideología,

ni proximidad siquiera.

Es la amada soledad

mi amor, mi santo

y bandera,

y un tanto de poesía

mi signo de identidad

y mi idea verdadera.

Con ellas tengo, a mi vera,

todo lo que es suficiente,

y con ellas voy sobrado,

siendo mis grandes amigas,

calladas y muy eficientes

compañeras de fatigas,

consuelo para mis penas;

pues siendo perfectas amantes,

son mis fieles consejeras.

Deja un comentario