OTOÑO

Por: L.M.C.

Los campos están cambiando.

Con los cielos ya nublados,

la niebla puebla el ambiente

y la lluvia forma charcos.

Los álamos han dejado

caer al suelo sus hojas

que, en el verano pasado,

dieron color al espacio.

Los barbechos son hozados

por jabalíes afanados.

Los corzos emparejados,

como los ciervos y gamos,

rumian, nerviosos, los pastos

de los yermos olvidados.

Es la estación de los frutos,

de las bayas y anacardos;

de las delicadas moras

que en las zarzas se criaron;

de las manzanas y almendras;

de las peras y pistachos;

de nueces y de membrillos;

de las deliciosas uvas

y los higos delicados;

de las castañas crujientes

que serán, asadas, pábulo.

Los ganados ramonean

pisando, tardos, el barro.

Los agricultores labran,

con esperanza y cuidado,

encomendando su vista

al buen Dios  

de allá en lo alto.

Las tierras, ahora núbiles,

que agua y hielo esponjaron

alimentan, anhelantes,

la simiente en su regazo

para convertir en pan

lo que los hombres sembraron.

Los campos están cambiando.

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