Por: L.M.C.
La Navidad ha venido,
la Navidad ha llegado,
los cielos están oscuros,
el campo ya está nevado.
Es invierno, precursor
del renacer de natura,
el que todo limpia y cura,
y nunca falta a la cita,
con su limpio manto blanco
inclemente y sanador.
Y cuenta la tradición,
ahora casi censurada,
que en una modesta cuadra
nació el Dios Redentor,
que hizo nacer la esperanza,
para los pobres del mundo,
ejerciendo de pastor.
A Él se le debe alabanza
séase, o no, creyente
pues su mensaje sembró,
en el alma de la gente,
palabras que hablan de paz,
de amor hacia el diferente,
de perdonar al contrario
y de intentar ser compasivo,
caritativo y clemente.
Nuestro paso por el mundo,
según dijo el Gran Señor,
es fugaz, corta vereda,
otro sino nos espera,
infinito, más allá,
donde acaban los caminos
y comienza la verdad.