Por: L.M.C.
La noche es el tiempo del volver al jardín
donde fueron, alegres, mis sueños que murieron.
De su frondoso bosque quise extraer metales
de luz aún no explicada,
preciosos yacimientos de mineral de aire
amasados con agua de profundos estanques,
donde las hojas duermen un sueño verde y fresco;
donde callan nenúfares con flores de futuro
prendidas de su seno que apenas se adivina,
sus alas extendidas por el líquido oscuro,
y la noche intentando esconder el portento…
Es la vida que pasa por los poros abiertos
de un mundo sigiloso,
allí anduve perdido tras de mi sombra enferma
de ser como yo mismo.
Sin ver lo que ocurría pasé ciego y absorto
y fui hombre de mundo,
apenas pobre invento de la moda que pasa.
El jardín no rechaza la palabra baldía,
ni nunca se revela contra el intransigente,
para todos es paz, verdura acogedora,
y nunca oculta nada demasiado profundo.
Proclama la belleza de las cosas sin precio
y muestra, libremente, su precioso tesoro
de calma estremecida.