ES EL SOL

Por: L.M.C.

Empiezo esta poesía sin sentido

con la sola inercia del deseo

de hablar, en silencio,

con la ausencia;

en el vacío ingrávido del tiempo.

El día amanece sin contemplaciones

atado al ciclo inexorable

de los movimientos estelares,

ajeno a cualquier indicio de humanidad,

sin vida propia que llamar como tal,

solo puro intervalo,

traslación y rotación,

monocorde ir y venir,

transcurso, decurso y fluido,

acción a la que llamamos física

siendo acaso solo

un rutinario trance sideral.

La luz y la tiniebla son lo mismo

en su versión opuesta,

donde la presencia de una

supone la ausencia de la otra.

A veces se mezclan

y componen un orden de colores

que no son más que magnitudes,

ondas más o menos largas,

partículas en dispersión,

longitudes, inflexiones,

torsiones y retorsiones,

filtros traslúcidos,

pura alquimia de luz

en su laboratorio estelar.

Es el sol, esa máquina infernal,

el que dicta la regla,

el que, matando todo cuanto se le aproxima,

da la vida a un planeta.

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