Por: L.M.C.
Piensas que estando dormido
nada podrá sucederte
y te sientes inocente
bajo sábanas de olvido.
Ellas te sirven de abrigo
contra el duro desaliento
aunque al final del intento
tengas miedo al levantarte,
dar la cara a la verdad
que te mira displicente,
diciéndote que no importas,
que eres solo un corazón
a un organismo aferrado,
un intrascendente humano
en medio de un mar urbano,
de un desierto de edificios,
avenidas y caminos
sin destino y sin final.
Piensas que estando dormido
podrás soñar poesías,
la más bellas elegías,
y que todas las estrellas
en tu sueño encontrarás.
Mientras buscas la salida
del laberinto social
tu destino no está escrito
en las líneas de tus manos
sino en el viejo libro arcano
que maneja el contador,
el insondable encargado
de repartir el destino,
las palabras, los silencios,
la esperanza y el perdón,
tras el tiempo trascurrido,
que se te dio, de corrido,
hasta acabar la función
en la que has aparecido
hasta caer el telón.