Ibiza Paradise

Por: Cabellos Lozano

                                                    Tres

A la mañana siguiente, antes de disfrutar el excelente desayuno “buffet” del que dispone el Gran Hotel, se dio una vuelta por el hall y comprobó que el biombo estaba quitado, el cinturón de seguridad policial había desaparecido y la piscina estaba abierta a los clientes, como si nunca nada hubiese pasado. La vida debe siempre continuar y la fiesta interminable de la isla también.

Después del desayuno se dirigió a la redacción del periódico de su amigo Joan, el cual le estaba esperando en su oficina, tras los saludos de rigor bajaron al bar de la esquina y pidieron unos cafés en la terraza. El día era magnífico, soleado, pero con una tibieza en el ambiente deliciosa, un poco húmedo, pero no demasiado, una ligerísima brisa recordaba como debió ser el Paraíso, y no resultaba nada extraño que, desde tiempos remotísimos, tantas civilizaciones hubieran deseado vivir en esta isla paradisiaca.

Joan repasó con Mario los acontecimientos más relevantes acontecidos en la isla durante los últimos meses: llegadas de famosos, la temporada de los DJ más importantes, y otros como la esperada visita anual del príncipe, los intentos de las mafias por afianzar sus cuotas de poder, las reuniones, más o menos, secretas de los hombres de negocios llegados de cualquier lugar del mundo. Los yates atracados en los puertos deportivos, las estrellas del espectáculo y los deportistas famosos…y finalmente la conversación recayó en la muerte de la joven.

-No está nada claro lo de la joven fallecida. No obedece al patrón habitual de prostituta: sin tatuajes, sin signos de consumo alguno de drogas, sin joya alguna…estamos a la espera del dictamen forense y de una posible identificación, pero nuestras fuentes afirman que hay cierta confusión entre los investigadores. Se aventuran varias hipótesis, a saber: una hija de familia adinerada en malas compañías, una buscadora de noticias oscuras, vamos, alguien como tú, periodista, o mejor “paparazzi”. O directamente una espía pillada infraganti, actuando dentro del propio hotel. Pero no hay equipo fotográfico, ni coche, ni documentación, ni teléfono móvil, ni nada. Sigue siendo un misterio como llegó al hotel, donde, por cierto, no se alojaba, y ya que no lo hacía en el Gran Hotel, ¿cómo accedió a la piscina, o mejor, ¿quién la dejó muerta en la piscina y, ¿dónde está su ropa? En fin, todo un misterio que está animando la temporada que acaba de empezar, aunque no sea la mejor noticia para la isla, ni para su familia cuando lo sepan. Yo Mario, a mis años, en estos casos no puedo nunca dejar de pensar en la familia, me imagino a sus padres, a su madre, a sus hermanos, si los tiene… alguien tan joven, con toda la vida por delante, y ya no tendrá nunca nada, es duro si te pones a pensar un poco, y es injusto, siempre es injusto-

-Pero bueno, háblame de ti, de lo que te ha traído, una vez más, a mi querida “pequeña”, por supuesto si es que puedes hacerlo. Ya sabes como envidio tu forma de practicar esta profesión nuestra, siempre saliéndote de los márgenes-

-Sí que puedo Joan, para ti no tengo secretos, ni quiero tenerlos, eres mi amigo, y un espejo en el que mirarme y…pues bien, se me ha encargado un reportaje sobre las andanzas del príncipe Sultán, parece que hay interés en su ritmo de vida, sus derroches constantes, su puti-yate, y todo lo demás. En esta sociedad de desalmados, e inmorales, el morbo se compra, y se vende, a precio de oro, como bien sabes, amigo-

-Que me vas a contar, querido, que me vas a contar, es el pan nuestro de cada día, es la fuente de la que bebemos, la despensa que nos alimenta pese a que no nos guste un pelo y, más, en un sitio como este donde todo tiene precios desorbitados: villas de precios millonarios, especulación feroz, tráfico de influencias brutal, partidos políticos pringados hasta los tuétanos. Asuntos turbios que, de tan cotidiano, ya no interesan a nadie. Todo se queda en anécdota, en algo superficial que ya no se molestan casi ni en ocultar. La perfidia, la maldad humana expuesta en toda su crudeza, pero revestida con la lujuria y la capa de impunidad que solo el dinero puede lograr-

Por unos momentos se hizo el silencio entre los dos amigos y ambos se dedicaron a degustar el excelente café que les había sido servido. En esto sonó el teléfono de Joan, tras la llamada, el veterano periodista se levantó como un resorte.

-Hay noticias Mario, al parecer la guardia civil ha encontrado una caravana mal aparcada, y puede tener relación con la chica asesinada, si quieres acompañarme me voy para allá de inmediato-

-Por supuesto Joan, mientras empiezo con el principito no tengo mejor cosa que hacer-

-Pues ves pagando los cafés mientras subo a la oficina a por el equipo, en estos casos conviene darse toda la prisa posible-

Dicho esto, el periodista salió disparado hacia su despacho mientras Mario pagaba la cuenta y esperaba su regreso. Apenas unos minutos más tarde ambos se dirigían, a toda mecha, al sitio donde había sido encontrada la roulotte.

A su llegada el lugar estaba ya tomado por la guardia civil y un patrullero de la urbana, que se encargaba de desviar el tráfico. El sargento Herranz daba órdenes a todo el mundo. Los de la científica tomaban fotos de los alrededores donde estaba la caravana, que no tenía coche enganchado a ella, fuera del perímetro los periodistas de distintos medios esperaban los acontecimientos, algunos turistas en chanclas y ropa ligera que se encaminaban a la playa inmediata se paraban unos instantes a observar, pero enseguida perdían el interés y se marchaban con andares cansinos, como si el tiempo tuviera allí un valor diferente.

Entre los periodistas allí congregados se oían todo tipo de comentarios y teorías, desde las más peregrinas a las más manidas, tanto Joan como Mario, escuchaban con atención, nunca se sabe lo que alguien puede decir cuando varios se ponen a especular.

Tras una larga espera y cuando ya el sol empezaba a calentar demasiado, el sargento Herranz se acercó a los periodistas para darles algo que llevarse a la boca o, mejor dicho, a las portadas de sus periódicos y revistas, pues el veterano civil era de los que piensan que todos tienen derecho a ganarse el pan, por cosas como esta era muy querido y respetado entre los miembros de la prensa.

-Señoras y señores, un poco de silencio, hemos encontrado el lugar donde podría vivir la víctima del crimen del hotel. Todo así parece indicarlo. Necesitamos que nuestros equipos terminen su trabajo para sacar más conclusiones, pero todo parece indicar lo que les adelanto. Todavía no podemos aventurar una identidad clara y concluyente para la muchacha asesinada, pero en cuanto tengamos certezas a ese respecto se lo comunicaremos a ustedes, muchas gracias-

Con un gesto autoritario el sargento acalló los intentos de los periodistas más lanzados, que pretendieron bombardearle con todo tipo de preguntas que, obviamente, en esos momentos no podía responder. Una vez que los informadores y fotógrafos se fueron dispersando el sargento se dirigió a los dos amigos que le esperaban en un rincón discreto de la escena.

-¡Hombre, Joan! Mario y yo le echamos de menos ayer, en el Gran Hotel-

-Sí mi sargento, si no hubiese sido porque me pilló en medio de un pleno municipal interminable, allí habría estado sin duda; enviamos a uno de los muchachos de la redacción, pero sentí mucho no hacerme presente y más, sabiendo que usted y mi buen amigo Mario, se hallaban por medio-

Era curioso que ambos, el guardia veterano y el patriarca de los periodistas de Ibiza no se tutearan, pero así era, y ello redundaba en un buen orden en sus relaciones profesionales, tan interpuestas y, a menudo, enmarañadas en un sitio tan pequeño como aquella isla vendita.

-Y ahora, entre nosotros, díganos, sargento, de qué va esto. No parece un crimen sexual, ni por asuntos de drogas. Adelántenos algo con lo que empezar a trabajar, por supuesto, si es que puede-

-Algo puedo, no mucho, no mucho; nuestra línea de investigación tiene varias derivadas, pero… podríamos decir que nos va pareciendo que la cosa va de espionaje, puede que esté relacionado con el narco, puede que, con la venta de armas, puede que…ya iremos viendo, pero creo que va a ser un poco más oscuro que lo que quisiéramos. Ya sabéis que cuando entramos en temas de estos la cosa suele complicarse: aparecen personajes importantes, autoridades, temas delicados que involucran a países más o menos amigos, en fin.

-Vamos que la muchacha no va a ser una chica inocente que pasaba por allí-

-Pues no, no lo parece. Más bien lo contrario, estaba porque quería estar, y parecería que sabía lo que hacía hasta que a alguien no le gusto su presencia y la quitó de en medio. Y eso, mis queridos amigos es lo que vamos a descubrir-

-Bueno mi sargento, pues no le robamos más tiempo, estaremos a la espera de sus conclusiones, que tenga un buen día-

Y así se despidieron Mario y Joan del sargento Herranz, emprendiendo el camino de regreso a la sede del periódico.

A la mañana siguiente, antes de disfrutar el excelente desayuno “buffet” del que dispone el Gran Hotel, se dio una vuelta por el hall y comprobó que el biombo estaba quitado, el cinturón de seguridad policial había desaparecido y la piscina estaba abierta a los clientes, como si nunca nada hubiese pasado. La vida debe siempre continuar y la fiesta interminable de la isla también.

Después del desayuno se dirigió a la redacción del periódico de su amigo Joan, el cual le estaba esperando en su oficina, tras los saludos de rigor bajaron al bar de la esquina y pidieron unos cafés en la terraza. El día era magnífico, soleado, pero con una tibieza en el ambiente deliciosa, un poco húmedo, pero no demasiado, una ligerísima brisa recordaba como debió ser el Paraíso, y no resultaba nada extraño que, desde tiempos remotísimos, tantas civilizaciones hubieran deseado vivir en esta isla paradisiaca.

Joan repasó con Mario los acontecimientos más relevantes acontecidos en la isla durante los últimos meses: llegadas de famosos, la temporada de los DJ más importantes, y otros como la esperada visita anual del príncipe, los intentos de las mafias por afianzar sus cuotas de poder, las reuniones, más o menos, secretas de los hombres de negocios llegados de cualquier lugar del mundo. Los yates atracados en los puertos deportivos, las estrellas del espectáculo y los deportistas famosos…y finalmente la conversación recayó en la muerte de la joven.

-No está nada claro lo de la joven fallecida. No obedece al patrón habitual de prostituta: sin tatuajes, sin signos de consumo alguno de drogas, sin joya alguna…estamos a la espera del dictamen forense y de una posible identificación, pero nuestras fuentes afirman que hay cierta confusión entre los investigadores. Se aventuran varias hipótesis, a saber: una hija de familia adinerada en malas compañías, una buscadora de noticias oscuras, vamos, alguien como tú, periodista, o mejor “paparazzi”. O directamente una espía pillada infraganti, actuando dentro del propio hotel. Pero no hay equipo fotográfico, ni coche, ni documentación, ni teléfono móvil, ni nada. Sigue siendo un misterio como llegó al hotel, donde, por cierto, no se alojaba, y ya que no lo hacía en el Gran Hotel, ¿cómo accedió a la piscina, o mejor, ¿quién la dejó muerta en la piscina y, ¿dónde está su ropa? En fin, todo un misterio que está animando la temporada que acaba de empezar, aunque no sea la mejor noticia para la isla, ni para su familia cuando lo sepan. Yo Mario, a mis años, en estos casos no puedo nunca dejar de pensar en la familia, me imagino a sus padres, a su madre, a sus hermanos, si los tiene… alguien tan joven, con toda la vida por delante, y ya no tendrá nunca nada, es duro si te pones a pensar un poco, y es injusto, siempre es injusto-

-Pero bueno, háblame de ti, de lo que te ha traído, una vez más, a mi querida “pequeña”, por supuesto si es que puedes hacerlo. Ya sabes como envidio tu forma de practicar esta profesión nuestra, siempre saliéndote de los márgenes-

-Sí que puedo Joan, para ti no tengo secretos, ni quiero tenerlos, eres mi amigo, y un espejo en el que mirarme y…pues bien, se me ha encargado un reportaje sobre las andanzas del príncipe Sultán, parece que hay interés en su ritmo de vida, sus derroches constantes, su puti-yate, y todo lo demás. En esta sociedad de desalmados, e inmorales, el morbo se compra, y se vende, a precio de oro, como bien sabes, amigo-

-Que me vas a contar, querido, que me vas a contar, es el pan nuestro de cada día, es la fuente de la que bebemos, la despensa que nos alimenta pese a que no nos guste un pelo y, más, en un sitio como este donde todo tiene precios desorbitados: villas de precios millonarios, especulación feroz, tráfico de influencias brutal, partidos políticos pringados hasta los tuétanos. Asuntos turbios que, de tan cotidiano, ya no interesan a nadie. Todo se queda en anécdota, en algo superficial que ya no se molestan casi ni en ocultar. La perfidia, la maldad humana expuesta en toda su crudeza, pero revestida con la lujuria y la capa de impunidad que solo el dinero puede lograr-

Por unos momentos se hizo el silencio entre los dos amigos y ambos se dedicaron a degustar el excelente café que les había sido servido. En esto sonó el teléfono de Joan, tras la llamada, el veterano periodista se levantó como un resorte.

-Hay noticias Mario, al parecer la guardia civil ha encontrado una caravana mal aparcada, y puede tener relación con la chica asesinada, si quieres acompañarme me voy para allá de inmediato-

-Por supuesto Joan, mientras empiezo con el principito no tengo mejor cosa que hacer-

-Pues ves pagando los cafés mientras subo a la oficina a por el equipo, en estos casos conviene darse toda la prisa posible-

Dicho esto, el periodista salió disparado hacia su despacho mientras Mario pagaba la cuenta y esperaba su regreso. Apenas unos minutos más tarde ambos se dirigían, a toda mecha, al sitio donde había sido encontrada la roulotte.

A su llegada el lugar estaba ya tomado por la guardia civil y un patrullero de la urbana, que se encargaba de desviar el tráfico. El sargento Herranz daba órdenes a todo el mundo. Los de la científica tomaban fotos de los alrededores donde estaba la caravana, que no tenía coche enganchado a ella, fuera del perímetro los periodistas de distintos medios esperaban los acontecimientos, algunos turistas en chanclas y ropa ligera que se encaminaban a la playa inmediata se paraban unos instantes a observar, pero enseguida perdían el interés y se marchaban con andares cansinos, como si el tiempo tuviera allí un valor diferente.

Entre los periodistas allí congregados se oían todo tipo de comentarios y teorías, desde las más peregrinas a las más manidas, tanto Joan como Mario, escuchaban con atención, nunca se sabe lo que alguien puede decir cuando varios se ponen a especular.

Tras una larga espera y cuando ya el sol empezaba a calentar demasiado, el sargento Herranz se acercó a los periodistas para darles algo que llevarse a la boca o, mejor dicho, a las portadas de sus periódicos y revistas, pues el veterano civil era de los que piensan que todos tienen derecho a ganarse el pan, por cosas como esta era muy querido y respetado entre los miembros de la prensa.

-Señoras y señores, un poco de silencio, hemos encontrado el lugar donde podría vivir la víctima del crimen del hotel. Todo así parece indicarlo. Necesitamos que nuestros equipos terminen su trabajo para sacar más conclusiones, pero todo parece indicar lo que les adelanto. Todavía no podemos aventurar una identidad clara y concluyente para la muchacha asesinada, pero en cuanto tengamos certezas a ese respecto se lo comunicaremos a ustedes, muchas gracias-

Con un gesto autoritario el sargento acalló los intentos de los periodistas más lanzados, que pretendieron bombardearle con todo tipo de preguntas que, obviamente, en esos momentos no podía responder. Una vez que los informadores y fotógrafos se fueron dispersando el sargento se dirigió a los dos amigos que le esperaban en un rincón discreto de la escena.

-¡Hombre, Joan! Mario y yo le echamos de menos ayer, en el Gran Hotel-

-Sí mi sargento, si no hubiese sido porque me pilló en medio de un pleno municipal interminable, allí habría estado sin duda; enviamos a uno de los muchachos de la redacción, pero sentí mucho no hacerme presente y más, sabiendo que usted y mi buen amigo Mario, se hallaban por medio-

Era curioso que ambos, el guardia veterano y el patriarca de los periodistas de Ibiza no se tutearan, pero así era, y ello redundaba en un buen orden en sus relaciones profesionales, tan interpuestas y, a menudo, enmarañadas en un sitio tan pequeño como aquella isla vendita.

-Y ahora, entre nosotros, díganos, sargento, de qué va esto. No parece un crimen sexual, ni por asuntos de drogas. Adelántenos algo con lo que empezar a trabajar, por supuesto, si es que puede-

-Algo puedo, no mucho, no mucho; nuestra línea de investigación tiene varias derivadas, pero… podríamos decir que nos va pareciendo que la cosa va de espionaje, puede que esté relacionado con el narco, puede que, con la venta de armas, puede que…ya iremos viendo, pero creo que va a ser un poco más oscuro que lo que quisiéramos. Ya sabéis que cuando entramos en temas de estos la cosa suele complicarse: aparecen personajes importantes, autoridades, temas delicados que involucran a países más o menos amigos, en fin.

-Vamos que la muchacha no va a ser una chica inocente que pasaba por allí-

-Pues no, no lo parece. Más bien lo contrario, estaba porque quería estar, y parecería que sabía lo que hacía hasta que a alguien no le gusto su presencia y la quitó de en medio. Y eso, mis queridos amigos es lo que vamos a descubrir-

-Bueno mi sargento, pues no le robamos más tiempo, estaremos a la espera de sus conclusiones, que tenga un buen día-

Y así se despidieron Mario y Joan del sargento Herranz, emprendiendo el camino de regreso a la sede del periódico.

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