Por: Mar Cial de Bílbilis
Eres un necio divino
culmen de la tontería,
líder en vulgaridad,
rector de la grosería.
Necio de la necedad
como la copa de un pino,
por supuesto…, pino alpino,
un cilíndrico pepino.
Eres cumbre del cretino
por eso, ante ti, me inclino
y si me apuras declino
lo que haya que declinar.
Llego a decúbito supino
en mi admiración total
y es mi risa incontenible
por tanta imbecilidad;
por la estulticia letal
y el tamaño desatino
con que sueles actuar.
Reconozco, no escatimo
el hablar con libertad,
con total sinceridad,
que al hacerlo,
al tumbarme yo en el suelo,
muerto de la hilaridad,
mucho se me alivia el flujo
y por supuesto el reflujo
que me suele importunar
previamente a defecar.
Y esto para mi es un lujo,
el que, gracias a tu influjo,
en tu calidad de brujo
de la idiotez nacional,
mi salud tan delicada
algo pueda mejorar.
Eres mi gran medicina,
un emoliente vital,
lenitivo de mi alma
consuelo de mi penar,
inspirador de mi calma,
alivio en mi caminar.
Si sigues así, yo me temo,
y lo digo con pesar,
que, contigo, al reír tanto,
bien pudiera reventar,
por ello mismo te ruego
ahora, ya, al terminar,
que te mantengas callado
“por un tiempito, no más”,
para poder seguir siendo
mi diversión y solaz.