Ibiza Paradise

Por: Cabellos Lozano

(Continua)

                                                    Cuatro

Se despidieron en el periódico, Joan se volvió a su cubil mientras que Mario, a bordo, de su todoterreno, se dispuso a inspeccionar los yates del príncipe dando comienzo así a sus pesquisas sobre lo que tuviera que ver con el magnate árabe.

Se dirigió al puerto deportivo y en el halló al Corsario, el yate que solía usar el príncipe Sultán. Encontró que este parecía prepararse para recibir gente importante pues, en el momento en el que llegaba Mario, una flota de furgonetas de suministro descargaban sus mercancías, que eran transportadas a las enormes bodegas del imponente navío, mientras guardias de seguridad de imponente aspecto se aseguraban de que las labores de carga se llevaran a cabo con rapidez, y sin que nadie osara colarse en medio del ir y venir de los operarios que realizaban el avituallamiento.

Tomó unas fotos de la panza abierta del navío y se dirigió a uno de los proveedores que, por su aspecto, y por las órdenes que daba, parecía ser uno de los encargados o responsables del suministro. Se presentó como periodista del corazón con una de sus acreditaciones habituales, en concreto de la revista Rápido.

-Buenas, caballero, soy reportero de la revista Rápido, estoy recién contratado, a prueba, y necesito algo con que ganarme el puesto, si usted pudiera responder a un par de preguntas me podría ayudar-

-Pues dime cómo puedo ayudarte, aunque te advierto que al jefe no le gusta que hagamos comentarios sobre nuestros clientes, pero pareces buen muchacho y, además, tengo un hijo que empieza este año periodismo en la universidad de Palma así que dispara antes de que llegue alguien más. –

-Bueno, son preguntas normales, por ejemplo: qué tipo de suministros proporcionan al cliente, cantidades, calidad, ese tipo de cosas que a la gente le gusta saber, en resumen, el público quiere conocer que come esta gente, si es que comen, ya me entiende, como se cuidan tanto últimamente y les ha dado a tantos por ser veganos y vivir de las acelgas-

-Pues no es este el caso ya que en esta descarga traemos un suministro muy importante que se compone, más o menos de: diez jamones de pata negra cinco jotas oro gran reserva a unos tres mil euros unidad, unas cuantas cajas de quesos varios, selección limitada, entre ellos uno de leche de burra, varios kilos de caviar Beluga iraní envasados en latas de kilo de oro macizo de 24 kilates, trufas blancas del Piamonte a cinco mil el kg., nueces Macadamia a tres mil, hongos Matsutakea mil dólares el medio, pates traídos expresamente de Francia y bebidas que sería largo de enumerar, pero se puede hacer una idea: champanes franceses gran reserva, güisquis de  tres mil euros la botella, un vino español de las Pedroñeras conquenses, el Aurum Red oro, del que se comercializan apenas unos cientos de botellas al año; pues bien, aquí servimos hoy treinta unidades que vienen directamente de la bodega, sin pasar por almacén alguno, y su precio marca miles de euros la botella, varios paquetes de ese café que dicen que es el más caro del mundo, ese que llaman copaluak o luwak y que lo caga una jineta o civeta, algo así, te puedo decir que una taza ronda los sesenta euros, el kilo debe costar unos quinientos euros o parecido, dependiendo del lugar o del día de su venta. Y por supuesto cincuenta kilos de filetes de ternera Wagyu a unos seiscientos euros el kilo. Une, a todo eso, los pequeños detalles, panecillos especiales, todo tipo de frutas exóticas, y por supuesto puros llegados exprofeso de la Cuba comunista y tendrás una idea fiel de como se gasta el dinero el príncipe. ¿Contesta esto a tu pregunta, joven? –

-Sí, ya lo creo, pero…si me pudiera contestar a otra pregunta creo que mi puesto estaría asegurado, al menos durante este verano. ¿Sabría decirme si todo esto es para una fiesta en concreto y en honor de quién se dará? –

-Bueno, al parecer será una cena importante, aunque no muy numerosa, donde se van a reunir hombres de negocios llegados de varios países, no puedo dar nombres, pero creo que viene algún ruso con su mega-yate, algún miembro de la familia del príncipe y poco más sé al respecto, solo rumores que se van corriendo entre el personal, que si podría ser un traficante de armas de primer nivel, que si tal y que si cual, pero no puedo ir más allá-

-Y la última, ¿Sabría decirme que día se va a celebrar la fiesta?-

– Pues creo que será este próximo sábado por la noche-

-Muchas gracias por su información y…a propósito, ¿usted fuma?-

-Pues sí, muchacho, más de lo que querría-

-Entonces me permitirá un detalle por su amabilidad- Y sacando de su chaqueta un par de Cohibas se los entregó al espontáneo confidente que le devolvió una sonrisa complacida mientras se los guardaba cuidadosamente en el bolsillo. Recordó uno de los muchos consejos que había recibido del viejo Joan: “Cuando vayas a ir de preguntón no olvides llevar unos buenos puros, son la mejor forma de agradecer favores sin que la gente llegue a sentirse insultada al ofrecerles dinero, pues si lo que quieren es pasta, ellos mismos te la pedirán”. Y, una vez más, Joan tenía razón.

Tras despedirse del encargado y ver como toda la caravana de intendencia se retiraba del muelle, Mario se dirigió a una terraza situada justo en frente del yate, se sentó a la sombra y, una vez pedida su jarra de cerveza bien fría se dispuso a observar tranquilamente. No había prisa por el momento, solo mirar, mirar y mirar. Llegaría más tarde el momento de actuar.

Dos jarras más tarde, a la hora de comer en España, es decir, hacia las tres de la tarde, se dirigió a uno de sus restaurantes preferidos en la isla, un mexicano próximo al puerto donde pensaba tomar alguna de las especialidades picantes de la casa. Disfrutaba mucho con esa comida y con la compañía del propietario y camarero del establecimiento, con el que había establecido una cordial relación durante sus anteriores visitas. Recapitulando mentalmente lo acontecido durante la mañana mientras se dirigía al restaurante: había datos que apuntaban a un crimen profesional en el asunto de la joven. En el yate del príncipe se preparaba una fiesta de altos vuelos y había mucho movimiento en el navío, había observado trabajadores de mantenimiento en un ir y venir constante por las cubiertas, al menos por las que él podía observar desde su puesto de vigilancia. En varias ocasiones habían embarcado, y desembarcado, coches y furgonetas negras, a las que tanto estaba ya acostumbrado, y, en un momento dado, desembarcó un Bentley de suntuosas formas, pero sus cristales tintados impidieron ver a sus ocupantes, tenían que ser del primer nivel pues algunos hombres guardaban su salida de la bodega del yate, y era precedido por un coche que se podría adivinar como de seguridad. Ambos vehículos se habían perdido de inmediato, mezclados con la densa circulación de la capital ibicenca. En cuanto a la nave, era una verdadera fortaleza flotante, se decía que, dotada incluso de un sistema antimisiles, por supuesto con helipuerto y su correspondiente nave, botes para desembarco en calas y playas donde el enorme navío no podía llegar, y lo más novedoso en este tipo de mega-barcos, un pequeño submarino para hacer excursiones y recorrer los preciosos fondos marinos de la isla. Este artefacto tan sofisticado tenía su propia entrada al yate mediante una puerta que se abría por uno de los laterales y que, literalmente, se tragaba al carísimo juguete.

Tras la satisfactoria comida emprendió la vuelta al hotel ya que necesitaba hacer algunas consultas sobre la estructura del barco, pues no descartaba la necesidad de hacerle una visita en algún momento y convenía estar preparado en la medida de lo posible, así desplegó su arsenal informático de última generación y se puso a estudiar el barco y sus características tanto técnicas como humanas: encontró hasta algún plano de la disposición de cubiertas, habitaciones, zonas de personal y bodegas así como de la composición de la tripulación; no menos de sesenta personas entre marinería, personal del servicio y mandos, aparte el personal de seguridad formado por otras veinte personas, con relevos las veinticuatro horas del día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Un número indeterminado de personal de apoyo en tierra completaba el equipo, numerosísimo, al servicio del príncipe. Luego quiso informarse del puti-yate, donde el príncipe Sultán daba rienda suelta a su desenfreno. Era este un barco menor al Corsario, pero sin desmerecer en absoluto respecto a éste, de nombre rimbombante “La Dama de las Camelias” supera los sesenta metros de eslora y “dispone de todo aquello que puede hacer a un hombre feliz”. Esta frase la había sacado de uno de los artículos consultados en su búsqueda informativa por Internet y, en verdad, era esta una definición afortunada, pues dicho barco había sido diseñado milimétricamente para el placer, contando con piscinas, jacuzzis varios, pista de pádel, gimnasio, sala de masajes, y zonas reservadas donde se alojan mujeres jóvenes contratadas por el príncipe para su entretenimiento. Bien pagadas y con todo tipo de lujos a su alcance solo tienen una misión, hacer disfrutar al jefe, esperando que este las llame a su compañía. Suelen ser mujeres blancas, muchas rubias, de tez clara, traídas por semanas desde Londres, Paris y también desde el Brasil, pues estas parecen ser las preferencias femeninas del príncipe Sultán. “El Camelias” como le llaman con cierto recochineo en la isla, suele atracar frente al puerto, pero mar adentro, a cierta distancia, para estar así más protegido de miradas indiscretas. Solo un restringido grupo de afortunados tienen acceso al mismo, y por supuesto, las autoridades marítimas en cualquier momento.

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