FIESTA NACIONAL
Por: Luis de Valdeavellano
La lidia de toros, su toreo en sus diversas formas, es una manera milenaria de enfrentarse a un animal, tan poderoso que llega a ser mortal, arraigada en las tradiciones mediterráneas desde hace milenios, constatada ya en la civilización cretense.
En España esa tradición ha ido conformando una forma propia que, partiendo del juego de caballeros con el toro, pasó a las clases populares y de ahí a su formato actual.
Tiene un arraigo profundo y su impresionante simbolismo excede, con mucho, la intención de este somero artículo que solo pretende, una vez más, señalar con el dedo acusador, a unas izquierdas siempre pendientes de prohibir, de manejar al pueblo como si de un rebaño de imbéciles se tratase. De coartar toda libertad convirtiendo la poca que tenemos en dictadura, dictadura de la palabra, de la idea, del pensamiento, de la acción.
Pero el pueblo español, al menos una mayoría del él, no es socialcomunista y todavía más, desprecia esa ideología, criminal e inhumana, que se nos pretende implantar como un microchip infame.
El pueblo español es valiente, ama a los valientes y ve en el toro, en el torero, y en el toreo, que es la fusión de ambos, un homenaje al valor, y más allá, a la consumación de una ceremonia total, una performance inventada mucho antes de las performances estériles que se llevan ahora entre los progres. Es la fusión de toro y hombre, de hombre y toro hermanados por la muerte que palpita en el ruedo durante la corrida. Pero esa muerte se transforma en vida con el triunfo del hombre sobre la bestia y va más allá, hasta los campos imposibles sin los toros. Esos sotos, esas dehesas, repartidas por toda la geografía nacional donde pastan, libres, salvajes, esos toros insostenibles sin la fiesta nacional.
Ahora, una vez más, el más infame de los gobiernos que hemos padecido desde que nací, igual o peor a los peores sufridos desde que España existe. Ese gobierno izquierdista, socio de proterroristas y golpistas, putero y corrupto, despreciador de nuestro pueblo y de nuestros valores, quiere impedir que los niños, con sus padres, asistan a los toros.
No es mi misión juzgar si un niño debe, o no, asistir a una corrida de toros, yo lo hice con el acuerdo de mis padres y no me he convertido en un asesino ni en un ladrón, por cierto habitual resultado de las sociedades comunistas.
Son los padres los que tienen que velar por sus hijos y ellos, y solo ellos, deben tener esa responsabilidad. Un estado, un gobierno que quita a los padres la custodia de sus hijos es un gobierno y un estado opresor y abusador.
El gran Andrés Amorós, en un artículo publicado hoy en el periódico “El Debate”, da una exhaustiva lista de representantes de los diversos países de las “Naciones Desunidas”, chiringuito mundial increíble donde cohabitan miles de seres inútiles, que ha utilizado el Ministerio de Juventud e Infancia de este infame gobierno para justificar la iniciativa de prohibición vergonzosa, otra más, que se pretende.
La calidad democrática de muchas de las “potencias” representadas en ella es bien patente y su conocimiento sobre nuestras tradiciones, concretamente la tauromaquia, así como su impacto económico y socio-cultural, va más allá de toda ponderación, vaste solo leerla: Togo, Marruecos, Argentina, Bután, Panamá, Kenia, Islandia, Moldavia, Suiza, Georgia, Zambia, Barbados, Etiopia, Níger, Malta, Mauritania, Bélgica.
Vale.