AMBROSE BIERCE

Por: L.M.C.

Se fue cuando, ya cansado,

viejo, torpe, triste, enfermo,

no se quiso suicidar,

haciendo que otros le dieran

entrada en la eternidad.

Los mismos que, sin saberlo,

le ayudaron a escapar

de una vida ya gastada

que no podía dar más.

Y desde allí nos contempla,

sonriendo sin parar

por su magistral jugada,

que fue jugada final,

viendo toda la miseria

de este mundo eventual.

Él, que vivió la guerra

en toda su crueldad,

bien supo cuando era tiempo

de desaparecer en paz.

Hacer “mutis por el foro”,

del escenario fugaz

que es la vida del humano,

sin siquiera molestar.

Su novela más lograda

fue su forma de marchar;

su legado universal

para quien sepa entenderlo,

con esto, silencio y tal.

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