Por: Cabellos Lozano
(Continua)
Ocho
Mario y Joan habían quedado en la taberna del puerto y allí se encontraron a la hora en la que los turistas buscan, como locos, la puesta de sol ideal, la que recordarán hasta la próxima, que será más maravillosa aún. Como si el sol no se pusiera cada día, en cada rincón del planeta, de forma admirable y espectacular. A lo mejor lo que sucede es que cuando dejamos de ser turistas para ser seres normales, en un día anodino cualquiera, no tenemos ni siquiera tiempo de pararnos un minuto para admirar una sencilla puesta de sol. El caso es que Joan y Mario se sentaron en la terraza comentando, con cierta sorna, el efecto que la galería de increíbles barcos amarrados junto a ellos, entre los que se seguía encontrando el Corsario del príncipe Sultán, causaba entre los embobados paseantes. Los turistas paseaban junto a los yates, ponderaban sus cualidades: “ése tiene helipuerto, aquél entrada para barcas, el otro incluso submarino de recreo”, y así pasaban el rato, como si se hallasen en medio de una exposición de gran lujo. Algunos se extasiaban, un poco más de la cuenta, en su contemplación, haciendo gestos de admiración, o se tomaban fotos de sí mismos con los barcos como fondo, enloquecidos por la su mera proximidad, y luego las colgaban en las redes, como diciendo vanamente: son un poco míos porque yo estuve allí.
Al fin pasaron a lo importante: -Dimitrof está alojado en el Hard Rock hotel donde dispone de varias habitaciones para él mismo y sus acompañantes. Con él está su familia, mujer, suegra y tres hijos pequeños. Además cuenta con personal de seguridad propio; a la cabeza se halla un oscuro personaje que pasa por ser su asistente personal, que es también su guardaespaldas principal, jefe de seguridad y hombre de confianza, se trata de un tal Miroslav, un armario de tres cuerpos del que no me han podido dar el apellido. Lo que si me han contado es que va armado, no me digas como, pero alguien de mí confianza lo ha podido confirmar. Se trata de un personaje con un pasado de lo más turbio, parece que fue oficial de las fuerzas serbiobosnias durante la guerra de los Balcanes, luego jefe de una banda internacional de ladrones de joyas, y, finalmente, parece que encontró acomodo estable con el oligarca ruso. En los últimos años, su perfil es bajo, presuntamente al margen de asuntos delictivos. Viaja con pasaporte diplomático ruso, lo cual no es extraño dado quien es su jefe. Por lo demás, Dimitrof lleva una presunta vida familiar en la isla, no suele salirse de su rutina diaria de largas jornadas en el yate que tiene alquilado para ir a las playas más elitistas, comidas en los chiringuitos, alguna visita nocturna al casino, y cosas así. La fiesta del príncipe, y algún concierto, (pues se dice que es un gran aficionado a la música, sobre todo clásica) a los que ha asistido con su señora, son los actos en los que ha podido ser fotografiado durante su estancia en la isla-
Mario sacó de su bolsillo la lista que le había dado Pepet a su llegada al Gran Hotel y en ella, para su sorpresa se encontró con que un tal Miroslav Karadzic se encontraba alojado allí.
-¡Ostras! tuvo que exclamar, al encontrar aquel nombre en la lista. Mira esto Joan, no me digas que va a ser mera coincidencia, y con ese apellido, como para asustar a cualquiera-
-Estás pensando lo mismo que yo Mario, te lo noto en la expresión. No puede ser una mera casualidad que, estando alojado en el Gran Hotel un tipo como el yugoslavo durante la fecha del crimen de la pobre rubia, estando en juego lo que está, este tipejo no tenga algo que ver, es…más que probable, absolutamente posible, pero, también es seguro que su coartada será irreprochable, y que serán, no una, sino varias, las personas dispuestas a jurar sobre lo más sagrado que, durante las horas en las que pudo cometerse el presunto asesinato, el buen camarada se encontraba a suficiente distancia del lugar de los hechos, pescando, por ejemplo y, eso, mi querido amigo, salvo que apareciera algo que lo pudiera relacionar, es suficiente para mantenerle al margen, suponiendo que se le pudiera, de algún modo, relacionar con el caso, lo cual resulta altamente improbable, no olvidemos que en el Gran Hotel podría haber en el momento fatal más de mil personas, una investigación de esa magnitud, con personas como las que allí se alojan es, en la práctica, imposible para la policía-
-Para la policía sí, pero no para mí. Yo sé dónde buscar, y si logro acceder a la habitación que ocupaba… y no sabemos si aún ocupa, tal vez podría encontrar alguna prueba, algún indicio con el que ir a ver al sargento, entonces éste sí que podría actuar-
-Bueno, esto no parece algo tan arriesgado para un hombre como
tú, capaz de hacer de cortador de jamón en una fiesta principesca.-
-Sin guasas Joan, tú no sabes el trabajo que me llevó prepararme para la ocasión, dos jamones enteros corté en mi habitación hasta creerme capaz de llevar a cabo el reto, por no hablar del empolle sobre técnicas de corte, y otras zarandajas que me tuve que tragar. “Veo que no acabas de apreciar en todo su valor mi capacidad de trabajo” (dijo en tono de guasa Mario)-
-Sí que lo aprecio, lo admiro, y no sabes como. Me parece fascinante tu capacidad de improvisación, y, por ello mismo, estoy seguro de que será para ti algo sencillo meterse en la habitación de un asesino, sin que nadie te vea, registrarla en busca de pruebas incriminatorias, obtenerlas, si ello es posible, y salir indemne, y todo teniendo en cuenta que el inquilino de ésta es un criminal reputado, y que te liquidará sin contemplaciones si te pilla allí dentro-
-Bueno mi querido Joan, esa descripción tan apocalíptica me está haciendo dudar de la conveniencia de seguir adelante. Vas a conseguir acobardarme y…bueno, siempre me quedará dedicarme a los jamones-
-No es esa mi intención, Mario, lo sabes bien, pero eres como un hijo para mí. Es mi deber de padre advertirte, y ponderar los riesgos de esta misión y no me puedes negar que los tiene-
-Reconozco que llevas toda la razón, y te prometo que tomaré todas las medidas que pueda. Te haré caso papá Joan-
-Gracias hijo, confiaba en que la autoridad paterna influiría en ti-Habían pagado la cuenta y se separaron entre sonrisas de complicidad.