Por: L.M.C.
Hay una voz en mi mente
que es del alma consuelo,
que suena a rito y canción
y que me eleva al cielo
de la pura inspiración
donde, feliz, me recreo
jugando con las palabras,
hallando en ellas misterio,
pena, alegría, silencio,
grito, saludo, oración,
aunque sea de un ateo.
La palabra es poesía
solo ponerle su ritmo
y se convierte en canción.
En mí habita esta pasión
y sin ella yo no quiero
actuar en la función
que es vivir, en este enredo
que es el mundo y su miseria.
Es para mí cosa seria
escribir, me da la vida,
me conforta y da alegría
y me transporta a soñar
con que los seres humanos
alguna vez, como hermanos,
se pudieran comportar.